Comunicación y pandemia

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Escribe: Adrián Romero (Doctor en Nuevos Lenguajes de la Comunicación-Profesor en la Lic. en Comunicación Social UNVM)

El aislamiento social que la mayor parte del mundo experimenta de modo simultáneo para evitar el contagio del Coronavirus obliga a nuevas prácticas de comunicación. Reuniones de trabajo, sesiones legislativas, celebraciones religiosas, estudios escolares, espectáculos musicales, festejos de cumpleaños y muchas otras actividades de la vida cotidiana tiene hoy existencia en y por las pantallas.

Pasados los primeros días de encierro, algunos pudieron ajustar sus rutinas al ámbito hogareño pero, paradójicamente, también incrementaron su exhibición pública en el ciberespacio.  Una forma de salir a la calle sin hacerlo.

El carácter excepcional de una cuarentena mundial ofrece la posibilidad de observar en perspectiva procesos sociales, políticos y mediáticos fundados en modos de vinculación que están suspendidos y cuya continuidad es incierta.

Comunicación humana

Una rápida historización permite identificar diversas disciplinas interesadas en el hombre y sus relaciones. Todas coinciden en señalar a la comunicación como un proceso fundamental para la organización social y vital para la supervivencia de la especie humana.

Los procesos de significación implicados en el mundo de la vida exceden largamente el mero intercambio de palabras. La comunicación supone la interacción libre de sujetos situados en condiciones equivalentes de reciprocidad, sin que ello implique desconocer asimetrías y tensiones propias de la condición humana.

La realización de rituales, la disposición y el movimiento de los cuerpos, los modos de habitar y transitar el barrio y la ciudad, entre otros, son considerados prácticas y procesos dotados de sentido que hacen posible la organización colectiva. Es pertinente interpretar entonces que la comunicación hizo posible la sociedad, la política y la democracia.

Comunicación mediática

Las capacidades humanas de la invención y el descubrimiento facilitaron innovaciones tecnológicas cuyo uso social extendió el alcance de los procesos de comunicación interpersonal.

En la primera mitad del siglo XX, la existencia de la prensa escrita, el cine, la radio y la televisión, motivó su estudio en universidades y laboratorios.

Una concepción dominante, dentro de varias posibles, consideraba que los medios de comunicación eran un componente del sistema social y justificaba su presencia adjudicándoles funciones. Ellas eran proveer información, crear consensos, transmitir valores y entretener a las personas para sobrellevar mejor los problemas de la vida cotidiana.

Ante la incertidumbre acerca del rumbo que toma la vida frente a situaciones traumáticas, como lo fueron en el siglo XX las dos guerras mundiales y ahora podría serlo la pandemia por Coronavirus, los medios asumen la tarea de hacer saber que el mundo sigue estando allí, más o menos igual a como lo hemos conocido.

Comunicación política y pandemia

La comunicación condiciona a la política desde el comienzo de siglo por dos motivos. Uno, por la centralidad que alcanzaron los medios y las plataformas digitales en la sociedad. Otro, por la concentración en la propiedad que los hace actores poderosos. En este contexto, adquieren visibilidad, y en ocasiones el gobierno, figuras que capitalizan una participación televisiva o crean tendencias en las redes sociales.

La subordinación de la política lo es respecto a las corporaciones transnacionales que contienen y emplean a los medios en la promoción planetaria de una ideología. El blindaje al capital, a su irrestricta circulación no es casual. Por ello el énfasis, que se traduce en presiones, para garantizar la rentabilidad que un nuevo estadio del capitalismo reclama, aún frente a panorama de muertes.

La confrontación política en nuestro país hoy ocurre por el intervencionismo estatal y el reclamo a grandes empresarios de morigerar su ganancia. La respuesta demandando el recorte de sus ingresos al equipo de gobierno fue el velo que ocultó otras intenciones. Curiosamente, por estas latitudes, los oficialismos locales suscribieron a la propuesta opositora y anunciaron la donación de porcentajes significativos de su sueldo, postulándose así como una elite dirigente que exhibe para la celebración una superioridad económica con la que compra su legitimidad en el poder. 

Muchas noticias, poco debate

¿Qué ocurre con esas funciones adjudicadas a los medios en este contexto de excepción?

Con Internet aumentó la capacidad de la comunicación mediática y nacieron las redes sociales como difusoras de contenidos informativos. Ese desarrollo tecnológico hace que sepamos, al instante en esta parte del mundo, la evolución que tiene la pandemia en otras latitudes. Esa visualización de la muerte, su conteo estadístico y su mostración gráfica en curvas ascendentes, alerta y legitima a los gobiernos que imponen la clausura domiciliaria generalizada.  

Inscripto en esa concepción funcional de los medios, el decreto presidencial que dispuso el aislamiento social, preventivo y obligatorio exceptuó de cumplirlo al personal que se desempeña en los servicios de comunicación audiovisuales, radiales y gráficos. También incluyó a las actividades de telecomunicaciones, internet y servicios digitales.

Los medios de comunicación pueden ser muchos pero desde hace tiempo su propiedad está concentrada en pocos dueños, en ocasiones sin pertenencia al rubro ni radicación en el país.

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