Hogares: laboratorios de prueba de nuevos métodos de enseñanza-aprendizaje

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Durante este tiempo de cuarentena el Ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta mantuvo diferentes encuentros virtuales con Francesco Tonucci, reconocido pedagogo italiano que tomo especial importancia, respecto de su mirada en el actual contexto, para nuestras autoridades educativas. Las propuestas que Tonucci viene realizando, en torno a cómo trabajar desde las escuelas en este tiempo de confinamiento, serán recopiladas en cuadernillos didácticos que se distribuirán a las instituciones escolares. En esta nota presentamos algunas recomendaciones del pedagogo

El aislamiento social y obligatorio persiste, si bien con modificaciones, sigue latente su curso y se espera que en algunos ámbitos perdure mucho más aún. El sistema educativo continúa su marcha y es, quizás, el que más demore en dar respuestas que deriven en el regreso a las aulas.

La maquinaria educativa nunca se detuvo, declarada la pandemia se reorganizó y cambió formas y estrategias para llegar a los estudiantes con las actividades “pertinentes”, intentando cumplir con los objetivos propuestos y llevando así “normalidad” en la crisis. Así, docentes y estudiantes atravesaron muros, los mismos que el edificio escolar debió cerrar, e ingresaron en cada hogar debiendo lidiar con la inmensa complejidad que propone la virtualidad, un espacio muy poco trabajado, hasta el momento, en las instituciones escolares.

Mientras la gran máquina marchaba y se buscaban ofrecer las mejores respuestas posibles frente a este contexto, Francesco Tonucci, reconocido psicopedagogo italiano, entraba en contacto en distintas oportunidades con Nicolás Trotta, Ministro de Educación de la Nación.

Las ocasiones en que lo hizo no pasaron desapercibidas, a tal punto que hoy que la cartera educativa nacional prepara un cuadernillo para la enseñanza a distancia, basado en las apreciaciones que el psicopedagogo realizó: encarar la cuarentena con menos rigor en el cumplimiento de metas y aprovecharla para probar otros modos con los que los chicos aprendan, usando la casa como un laboratorio.

Bajo esta pretensión, un reflexivo y crítico Tonucci insiste en la idea de entender este tiempo como una oportunidad y comprender que “si el virus lo cambió todo, la escuela no puede pretender seguir igual, ya antes no funcionaba… no perdamos este tiempo precioso dando deberes…”.

Usando la casa como laboratorio, exponiendo una vez más su mirada crítica sobre el funcionamiento de los sistemas escolares, plantea que cocinar o lavar puede convertirse en un disparador para aprender química y mirar viejas fotografías familiares, dedicar un tiempo a la lectura en familia pueden ser experiencias que contengan más sentido que los deberes tradicionales.

Los niños y sus lugares de habitabilidad

Toda crisis pude ser una oportunidad, una ocasión para el cambio y el progreso, “sólo que debe haber una condición para ello: necesitarla”, dijo Tonucci y afirmó: “hay que tener una inquietud que te haga decir que así como es, o era antes, no funcionaba, no funcionaban las ciudades, no funcionaba el tráfico, no funcionaban muchas cosas… La crisis nos ayuda a entender que hay cosas para cambiar”.

Frente a esta crisis la infancia ocupa un lugar más que transcendental, siempre se ha dicho que es la etapa más importante de la vida sobre la cual se construyen los cimientos y, al entender de este pedagogo italiano se están poniendo en juego hoy, una vez más, los lugares que ocupan los niños.

Antes cuando los niños podían ser niños, dice Tonucci refiriéndose a su niñez e incluso la de sus hijos, sin que los adultos se ocuparan demasiado de ellos, “los niños vivían especialmente en tres lugares, una era la familia, otro la escuela y el tercero la calle. En la familia los afectos, en la escuela el aprendizajes y en la calle la vida. Era en la calle donde se vivía la aventura, el descubrimiento, las maravillas, los obstáculos y el juego”.

La calle fue el primer espacio que los niños fueron perdiendo y con ello perdieron, al entender del pedagogo, el juego y los lugares de habitabilidad de los chicos se redujeron a dos: la casa y la escuela, viéndose el primer espacio con tiempos reducidos a partir de la necesidad de trabajar de los padres y creándose para respuesta a esas demandas otras escuelas: la escuela de deporte, la de música, la de arte…

Esos ámbitos hoy se siguen reduciendo. Con la llegada del Coronavirus, “los lugares de los niños cambiaron de nuevo, se redujeron a uno, se redujeron a la casa”, afirma el pedagogo italiano antes de hacer saber que “cuando esto ocurrió, nosotros con nuestro proyecto internacional La Ciudad de los Niños, que en Argentina tiene una presencia importante, lo primero que hemos querido saber es qué están pensando los niños”.

En un momento donde se pide la opinión de expertos, donde múltiples profesionales hacen llegar sus miradas a través de los medios de comunicación que los consultan o de padres y maestros que lo hacen de manera directa, Tonucci se preocupa por saber que están pensando los niños y para ello explica que, “llamamos a nuestras ciudades, pedimos que convocaran los Consejos de Niños para preguntarles cómo estaban pasando este periodo, lo que estaban probando, lo que estaban sufriendo y lo que proponían”.

Las respuestas comenzaron a llegar y si bien se encuentran en estudio, dentro el marco investigativo que el pedagogo le está dando, se permite hacer un adelanto: “salen tres cuestiones importantes: a los niños le faltan los amigos, a muchos les gusta la experiencia del estar con sus padres más tiempo y, lo que no soportan son las tareas. Esto es un cuadro sinóptico de cómo lo ven los niños”, expresó Francesco.

La escuela cerrada, el edificio escolar, no genera una ausencia determinante, no es un faltante para los niños… “que a los niños les falta la escuela no es verdad, les faltan los amigos; el único lugar a partir de sacar a la infancia de su tercer espacio: la calle, donde podían encontrar los amigos era la escuela, hoy le falta la escuela porque les faltan los amigos y debería ser una preocupación fuerte de todos nosotros. Padres y docentes deberíamos ayudar a los niños a conectar con sus amigos, me gustaría que las plataformas se utilizaran con ese objetivo, claro que los niños lo hacen solos, pero este es un dialogo entre pocos, lo que sería importante es mantener el grupo y este podría ser un papel de la educación”.

La maquinaria escolar no para

No es razonable que cuando todos los órdenes de la vida están trastocados por el aislamiento social y obligatorio, la escuela se haya propuesto que sus estudiantes aprendan como si nada hubiera cambiado. Tonucci cuenta que el slogan de las autoridades educativas italianas ha sido y continúa siendo “la escuela no para”; idea muy parecida si se quiere a la de nuestro país: “la escuelas están abiertas”

“Frente a todo el desastre que estamos sufriendo, en esta situación que ha cambiado nuestra vida, la escuela es la única que afirmo no cambia nada, seguimos como antes…, seguimos con nuestros programas, con nuestro libro de texto, con las clases y con las tareas”, describió en la charla con el ministro y se explayó diciendo: “a la familia esto suele no molestarle porque ocupa a los niños; tener a los niños consigo tantas horas en el día puede crear problemas”.

En este sentido, observando cómo el mundo de los niños se ha reducido a sus hogares, es que Francesco propone hacer de esas casas un laboratorio. “Propongo tareas, pero que sean lavar, planchar, cocinar, mirar fotos de cuando eran pequeños, leer toda la familia. Todas estas cosas son tareas, me gustaría que luego la escuela tomara estas actividades e hiciera este trabajo: en base a las observaciones de los niños, de lo que han descubierto y conocido, con la ayuda de los docentes, ir haciendo lengua, matemática historia, lo hacen a través de estas experiencias verdaderas, siendo una escuela como debería haber sido siempre…. La escuela de la vida”.

Mirada crítica y reflexiva la que ofrece este pedagogo frente a la gran exposición a las pantallas que están teniendo nuestros estudiantes, frente a ese reconocimiento y por momentos “enaltecimiento” de distintos actores por la rapidez con la que se “improvisaron” plataformas digitales y formas virtuales de comunicación. “El mundo virtual que tanto está ayudando no es una nueva didáctica, es un instrumento que nos ayuda a hacer una buena didáctica si los contenidos son aceptables”, afirma Tonucci y solicita: “aconsejamos a los niños y adolescentes a tener un diario de estos días, un amigo al cual confiar lo que están viviendo. Están viviendo una experiencia que espero no vivan más y que cuando termine como jóvenes que son tendrán ganas de olvidar y la olvidaran, pero es importante tener un testigo para verla mañana o quizás pasado mañana con sus hijos”.

Hay que aprender de las experiencias, estos tiempos deben dejar enseñanzas y aprendizajes, hay que experimentar sin miedos, “por eso espero que estas pruebas que se hacen en situación de emergencia, puedan comprobarse de que vale la pena conservarlas y no perderlas; lo digo por la escuela, por la ciudad…,  no perder todo lo que hemos experimentado en este tiempo, estamos haciendo una experiencia valiosa, dura pero valiosa, aseveró Francesco y ejemplificó: “en Italia por culpa de la contaminación aérea mueren 58mil personas al año, mucho más que las que murieron por esta pandemia, claro que no sólo el tráfico es el responsable, pero es una de las condiciones; espero que se conserve algo de lo que estamos viviendo. Así como ahora el mundo se reduce a la casa, después se va ampliar y espero que vuelva a ser el barrio, que vuelva a ser la ciudad, espero que cuando volvamos a vivir normal, podamos pensar cómo defender una movilidad autónoma”.

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