La semilla del espacio socializador y recreativo

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Las guarderías vienen trabajando con planificación y objetivos, pretendiendo ser una
importante fuente de estimulación. Con el tiempo, la valorización y jerarquización de
estos espacios educativos ha ido en alza, abandonándose la idea de guardería como
espacio donde los padres llevan a sus hijos cuasi obligados por las necesidades
laborales.

Nuestra mirada se posa en el eslabón que arma (y desarma) en el paso de la “guarde” al
“jardín”, momento cuasi caótico en la vida familiar, principalmente por comenzarse a
respetar horarios, aprendizajes, obligaciones y el importante rol de la familia.
La mirada actual que recae sobre estos establecimientos parece ser muy superadora de
aquella con la que parecieran iniciarse estas instituciones. Hoy las guarderías no solo
deben proveer de servicios de cuidado, sino también servir como primer contacto con
los grupos sociales.

Es una etapa idónea para mejorar relaciones sociales, lenguaje, conducta, refuerzo físico
y psicológico, entre otros; significan una gran oportunidad para detectar malos hábitos y
maltrato infantil y sirven también a los propósitos de una evaluación temprana de
posibles anomalías, tanto físicas como de comportamiento.


Quizás sea cierto que estos espacios son más asistenciales si es que se los compara con
otros niveles del sistema educativo, pero esto no debe llevarnos a una mirada
reduccionista que plantea a las guarderías como espacios de contención, recreación y
alimentación, muy por el contrario pueden ser fuente de innovación y motivación en los
pequeños, de aprendizajes y reconocimientos de diversas problemáticas si existieran.
Su existencia viene a resolver un problema social importante, pero ofrecen también,
cuando funcionan en forma óptima, un interesante aporte a la formación y el desarrollo
del niño.

De guardería a jardín maternal

Con el paso del tiempo han ido cambiando las miradas y concepciones que se tienen
respecto de estos espacios, la demanda no obedece ya solamente a una repuesta
necesaria frente a las exigencias laborales; junto con ello, se ha tratado de ir
reemplazando la idea de guardería por el concepto de jardín maternal. Se trata de
desterrar esta vieja denominación que identifica a la institución como un lugar donde se
guarda o deposita algo y sustituirla por otra que represente el ideal y la visión con la que
se trabaja: jardín maternal.

En la actualidad se trabaja mucho con los niños que asisten a estas instituciones. Tienen
plástica, música, educación física y otras actividades recreativas, tales como cocina,
lectura de cuentos y demás, todo se lo hace bajo la realización de planificaciones y
objetivos planteados con anterioridad.

La mirada y exigencia de los padres también ha ido cambiando, así lo hacen saber los
distintos educadores entrevistados, quienes resaltan en reiteradas oportunidades que los
padres exigen aprendizajes y pretenden que la educación formal de su hijo comience
antes del nivel inicial.


Ya no confían en una institución tan sólo por dar respuesta a la cuestión laboral, si bien
observan la parte asistencial vienen con otras expectativas: que el niño aprenda,
comparta, socialice, lo que obliga a estos centros educativos y sus educadores a brindar
un mejor servicio, con actividades especiales, estimulantes e innovadoras, si quieren
persistir frente a la “competencia” que imprime la oferta y las leyes del mercado.
Planteándose esta realidad es que Patricia Ponce (Jardín Maternal El Osito Dormilón)
se animó a afirmar, según su apreciación, que a estas instituciones “les toca la peor
parte, la más difícil, la primera integración y la socialización; cuando llegan al jardín de
infantes los papás tienen otro tipo de confianza, no les queda opción, los niños tienen
que empezar, en cambio a la hora de salir a elegir hay muchos tabúes, mucho miedo,
mucha desconfianza. Es venir, preguntar, hay miles de consultas, y nosotros tenemos
que tener siempre las respuestas y hacerles ver lo positivo que es socializarlos, por más
que nos cueste, que sea angustioso, al principio lloran más los papás que los nenes (…).
Nos tocan enfrentar un montón de situaciones y hacerlas entender a los papás (…)”.

¿Cómo trabaja un Jardín Maternal?

Un día en el jardín maternal tiene su estructura, su planificación y va variando a partir
de las distintas actividades y tareas que se programan para cada jornada semanal.
Haciendo una suerte de síntesis, en un mañana habitual el día comienza a las 7:45,
momento en que se recibe a la mayoría de los niños, hasta las 9, aproximadamente, se
les brindan juegos didácticos, rompecabezas, libros de cuento; luego, estando ya el
grupo completo se realiza un trabajo libre o alguna situación que se les presente a las
seños, dependiendo de la edad de la sala, posteriormente salen un rato al patio, vuelven,
se higienizan las manos, comen la merienda, incorporando así primeros hábitos:
quedarse sentado para comer y no deambular. Luego salen un rato más al patio… y hay
una rutina, cambiar pañales, preparar mamaderas, depende de la sala (…). Después un
rato de cuento, música y baile, un momento de poesía o una ronda (…) y, por último un
momento de descanso, donde se crea un ámbito sereno y se oscurece un poco la sala
para que los chicos se relajen para despedir la jornada.

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