Lo que trajo y lo que nos quitó la pandemia: consumo, educación y violencia

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Declarada la pandemia, rápidamente se recurrió al aislamiento social y obligatorio para evitar una mayor propagación del contagio y poder dar respuestas a quienes contrajeron el virus.

La celeridad con la que se actuó y se viene trabajando a nivel nacional seguramente permitió salvar vidas, pero como todo también tiene su efecto adverso. Sabido es que el hombre es un ser social, que necesita relacionarse e interactuar con otro y que por lo tanto la soledad y el encierro también puede enfermarnos.

Caras de la cuarentena

Uno de los ámbitos de los que más se viene hablando desde que se decretó la cuarentena quizás sea el educativo. La relación docente-estudiante si bien no se ha cortado, lógico que ha entrado en un plano que hasta el momento nos resultaba desconocido.

Pablo Vagliente, profesor de Educación Física en distintos niveles del sistema educativo, sostuvo: “Me preocupa mucho la falta de actividad física que tienen nuestros niños y jóvenes en este momento de encierro, donde se  reduce notoriamente la actividad diaria”.

“Esta reducción trae aparejado efectos negativos sobre el aparato locomotor y las capacidades aeróbicas del individuo, aumentando así el sedentarismo, que es uno de los factores importantes del sobrepeso. Por eso es fundamental en estos días de confinamiento, realizar una rutina diaria de ejercicios sostenida en el tiempo”, añadió.

Vagliente es optimista y propone que “usemos este tiempo como aprendizaje para introducir la actividad física en la vida diaria de nuestros niños y adolescentes, beneficiándolos en la prevención de enfermedades y elevar la calidad de vida, mejorando el nivel tanto físico como psicológico, logrando el bienestar, mayor autoestima, y controlar niveles de ansiedad y estrés”.

Sobre la virtualidad, Vagliente agrega: “En estos tiempos de pandemia, extraño mucho el contacto con mis alumnos, dándole una valoración mucho más importante ahora que estamos imposibilitados de relacionarnos y compartir momentos juntos«.

Más violencia

La violencia machista y el riesgo del encierro con el potencial o posible agresor resultan ser otras de las cuestiones a atender frente a la coyuntura actual.

En este sentido, Rosana Calneggia, miembro del Foro de Mujeres de Villa María, reflexionó que “el aislamiento social preventivo para el cuidado de la salud de todes durante la pandemia, ha mostrado con mayor dureza la profundización de la violencia machista”.

La situación así no deja de preocupar y debe comenzar a ocupar a quienes tienen las facultades para tomar decisiones que puedan revertir la situación. “Este contexto debe ser evaluado en su gravedad por los gobiernos tanto nacional como de cada distrito y es indispensable que se actúe ahora. Como señalan las diferentes corrientes que defienden los derechos de género: Ahora es cuando…”.

En consonancia con lo mencionado, también afirma que “la mayoría de los femicidios ocurridos en cuarentena se han visibilizado por los alertas de las organizaciones de mujeres, que además reclamamos una más rápida acción de la justicia, con recepción inmediata de las denuncias”.

“Las mujeres en pandemia seguimos padeciendo la discriminación de una sociedad patriarcal y exigimos el compromiso hecho público por buena parte de la dirigencia, de llevar a cabo políticas inclusivas y despatriarcalizadoras, aún en cuarentena”.

Cuarentena: ¿Estimulante a factores precipitantes?

Ernesto Lazarte, Trabajador Social y Director de Casa Nazareth, radiografía un sector problemático en la ciudad: el consumo de sustancias.

“La cuarentena ha dejado poco equipo trabajando, tenemos muchas casas a cargo y son tiempos muy raros” y afirmó: “creo que el peor aspecto de esta cuarentena con respecto al consumo, al consumo problemático, a la adicción como tal, a la disfunción en base a la adicción, a la cuestión transgeneracional del consumo y no necesariamente de sustancias…, la peor cara, que nosotros ya la conocíamos y la veníamos trabajando y que es un factor muy inhumano de esta enfermedad, es la minoridad, aspecto de esta época, de esta experiencia extraordinaria que nos toca vivir y que se ve reflejado en la demanda de tratamientos”.

“Es realmente estremecedor, porque el consumo termina siendo, en todos los casos que nos ha tocado trabajar, respetando mucho la enfermedad, una anécdota en la vida de la personas; previo al consumo hay un montón de factores precipitantes, que van desde situaciones simples, problemáticas, cotidianas, como puede ser la separación de tus padres a situaciones muy complejas, oscuras, que rayan el límite o el trasfondo de la privacidad de las personas. Eso vulnera mucho al sujeto”, subrayó.

“El abanico es bastante grande, pero los factores precipitantes no son tantos y siempre se tejen hacia adentro de los vínculos más cercanos, centrados en la disfunción”, contó Lazarte.

La prevención a la que se refiere y pretende Lazarte debe estar orientada hacia la educación: “Tenemos que afrontarla en forma de bloque, porque una vez que se liberen las tenciones que esta pandemia ha generado, esto solo puede empeorar si no hay un programa de educación en prevención de factores precipitantes (…)”.

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