Se celebraron los 80 años del IPEM 147 MAO, aquel que la ciudadanía abrazó como “El Comercial”. Primero con un acto donde los reencuentros y las anécdotas movieron las emociones, y después un almuerzo que coronó aquellas charlas que lo protocolar había postergado más temprano.
Un estudiante, desde el micrófono principal, al comienzo y al final, repitió la frase base del colegio “Perseverancia e inclusión” y su directora Karina Zanellato le dio marco pedagógico: “de los 800 estudiantes que asisten, cada día, construimos vínculos con todos ellos, y sobre esos vínculos, enseñamos. Somos una escuela de puertas abiertas, con un fuerte compromiso social, respetuosa de los derechos, las diversidades, sustentada en los valores y en los afectos. La palabra inclusión, por momentos, nos queda chica”.
80 años IPEM 147
Las instalaciones del colegio estaban revestidas de gala, después de una ardua labor de la Comisión de Decoración. Iban llegando las y los invitados, producto de la tarea de otras de las comisiones, y el barullo entremezclaba saludos, abrazos, anécdotas y fotos y videos que, seguramente, en los archivos de la institución darán muestra de que aquella idea formadora lanzada el 10 de setiembre de 1946 sigue contando con una base firme que la sostiene: esa cantidad de estudiantes y 150 docentes y administrativos.
El acto incluyó momentos protocolares (con entregas y descubrimientos de placas alusivas), recuerdos con la participación de dos exdocentes y reconocimientos a los 25 años de trayectoria docente.
Sumaron, en tanto, dos momentos artísticos: las exestudiantes Melanie Álvarez (actualmente cursando el 3° año del Profesorado de Música en el Felipe Boero y Ganadora en la categoría Cultura y Artes en la distinción Mujeres Protagonistas 2026) y Antonella Hoffer (además, miembro de la Asociación Cooperadora) compartieron interpretaciones.
Promo´62 que viajó a Brasil, en barco, y una futura egresada estudiará en la Universidad de las Artes
Evelio Demarchi pertenece a la Promoción 1962 y describe aquellos momentos vividos en este colegio, cuando funcionaba, con su turno nocturno, en las aulas del Bianco (el diurno lo hacía en la Agustín Álvarez): “Son unos recuerdos hermosos que siempre perduran. Fueron los mejores años. Tuvimos una promoción hermosa, unos compañeros insuperables, además muy buenos recuerdos de los profesores”.
Y nos sorprende con una anécdota: “Hicimos un Viaje de Estudios, que fue inédito para esa época…, nos fuimos a Brasil, en barco, un mes completo. Inolvidable esa experiencia”.

En este presente, Dalma Franco (6° año), tesorera del Centro de Estudiantes, describió: “Estoy muy orgullosa por este momento, ver todo esto me pone muy feliz, todo sirve para mejorar el colegio. Estoy encantada con la planificaron que hicieron los profes y la dirección para que vengan jubilados, egresados…, es relindo”.
En meses Dalma será egresada y sostiene: “El colegio me enseñó muchas cosas, muchos valores para la vida… Soy bailarina y el colegio me dio oportunidades hermosas, como enseñarles a bailar a otros chicos. Esas son cosas que a una la marcan”. Ya lo decidió: como Profesora de Danza Folclóricas (integra la Agrupación Sueños de Tradición) seguirá estudiando, nada más ni nada menos, que en la Universidad Nacional de las Artes (Buenos Aires).
“Cuando subíamos a las aulas siempre había un profe que nos entendía”
El intendente Eduardo Accastello, egresado del colegio, recordó en su intervención: “Cuando subíamos a las aulas siempre había un profe que nos entendía y nos elevaba nuestras ganas de ser más y un poco mejor. Ese agotamiento físico de 8 o 10 horas de trabajo, sumamos 4 o 5 de estudio, y nos íbamos cerca de las 0.30/1. Volvíamos felices porque esta escuela nos hizo felices. Los que estuvimos acá, podemos decir que esta escuela nos hizo profundamente felices”.
Agrega: “Los profesores y directivos entendían que, en el caso de los que estudiábamos y trabajábamos, nos acompañaban, actuaban de psicólogo, de terapeuta, eran como padres y madres, era la contención en un momento muy difícil de la vida, que es la adolescencia”.
“Siento que tengo que rendir cuentas”
La directora Zanellato, en su discurso de más de doce minutos, trató de sintetizar el momento y el futuro mediato. Señaló: “Los miro, y junto a la emoción, me aflora un profundo sentido de responsabilidad. Siento que tengo que rendir cuentas: mostrarles a ustedes todo lo que estamos haciendo por la escuela. Son muchas cosas. La escuela está funcionando, se está transformando, actualizando, pero por sobre todo está creciendo”.
El silencio de atención a sus palabras, lo cortó un cerrado aplauso. La llegada, en días, del ascensor inclusivo: cuando se pensó el proyecto (tres años), y se lo cotizó hace un año en algo más de 20 millones, al momento de la participación en el Programa Villa María Piensa y Propone (impulsado por la docente Alejandra Carranza instando a la comunidad educativa y vecinos a votar por la iniciativa); al ser instalado en una escuela en materia de normas de seguridad, y las escaladas inflacionarias, lo hizo trepar a 47 millones como costo final de obra. Un “egresado” que ocupa el Sillón de Pedro Viñas levantó el pulgar en la Municipalidad, y está en marcha la obra. “Un sueño… ¿o no?”, espetó Zanellatto.

La directora siguió enumerando los logros en materia de transformación de la oferta educativa, que cuenta hoy con cinco Orientaciones. A su vez, acaban de presentar la solicitud para contar con cinco formaciones profesionales: una por cada Orientación.
“Los estudiantes que hoy están en 4° año, y algunos en 5°, van a certificar no solamente su título de Bachiller sino también, según la Orientación, formación profesional como Asistente para la Administración, Asistente de Línea de Producción de Alimentos, Análisis de Conocimiento/Programador, Coordinador Turístico o Auxiliar en Actividades Deportivas y Recreativas”, explicó.


