Apuntar al enemigo en cuatro viñetas: el humor gráfico de César Agite

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Sus primeras viñetas aparecieron en Bell Ville Sensible, un blogspot creado por un amigo que le dijo “lo armé para que subas tus tiras”. César tenía 28 años y recién regresaba de un viaje por Bolivia y Perú que dice le resultó revelador.

Sabía que ya no quería volver a trabajar en el videoclub que abandonó antes de irse, así que la propuesta de su amigo fue como un llamamiento. Pasaron dieciséis años y desde entonces, César Busso (45) es Agite: ilustrador, humorista gráfico e historietista. La “oveja negra” de su familia. El que salió artista.

Agite en “tres o cuatro cuadritos”

Dice que el paso del tiempo lo volvió “más zurdo” porque “con los últimos gobiernos no queda otra que irse bien, bien, bien a la izquierda”. Agite es bellvillense, pero actualmente vive en Córdoba. A los 28, cuando retomó el dibujo, se encontró con el humor gráfico de manera inesperada.

“En ese momento, ya ni dibujaba prácticamente. Mucho antes, quería hacer historietas de superhéroes o de aventuras, pero para eso hay que saber dibujar muy bien, la verdad. Yo no me creo tan buen dibujante, aunque para el humor gráfico lo que hago sirve. Le encontré la vuelta a esto de expresarme en muy poquito tiempo, en tres o cuatro cuadritos”, dice.

En “tres o cuatro cuadritos” lo que Agite puede manifestar es mucho. Ya sea a través de Diosito o ilustrando Las aventuras de su corazón, sus viñetas son muestras contundentes de que si la vida es a veces dulce y a veces amarga, el chiste se cuenta solo.

“¡El niño salió historietista!”

“De chico sabía que quería ser dibujante de historietas. Cuando tenía cinco o seis años, mi vieja me alcanzaba muchas. Me fascinaban, pero a medida que crecí, fui dejando de lado eso. También pensaba, me voy a re cagar de hambre con la historieta, mejor pensar en hacer otra cosa”, recuerda.

Cuando les dijo a sus padres que se dedicaría a dibujar, a estos no les resultó tan difícil apoyarlo. Dice: “Yo siempre fui el pibe medio raro… ellos hubieran preferido que eligiera un trabajo normal, por supuesto, con estabilidad financiera. Pero, hasta el día de hoy, se alegran cuando me pasa algo lindo con la historieta”.

Dejar espacio para que entre la luz

Desde el 2008 a esta parte, las temáticas elegidas por Agite no cambiaron demasiado. Su preocupación por lo social y su militancia política, siguen ahí. “Al principio quizá también trataba temas de todo tipo. Ahora estoy más enfocado en lo político, casi exclusivamente”, dice.

Esto no le impide “tirar una magia” cada tanto. Ilustrar en una viñeta algo luminoso. Captar cómo se ve la esperanza en una marcha del 24 M, o el amor en un abrazo de dos chicas en una esquina. En medio de la hostilidad del contexto actual, “esta magia” se hace necesaria.

“Hay una amargura… para la gente que por lo menos está consciente de lo que pasa, este momento es un bajón, así que me gusta retratar otras cosas también, porque si todo es dolor, se hace imposible vivir”, agrega.

Un chiste se construye

Cuando ocurre es lo más parecido a un milagro: a veces el chiste aparece solo. “Te viene un chiste a la cabeza, así como un rayo, todo armado, ¡pero ojalá pasara más seguido!”, dice Agite. La mayor parte de las veces hay que sentarse a pensar, insistir sobre la hoja en blanco.

“Hay días que no te sale nada, semanas que no tenés ideas y que decís no se me va a ocurrir nunca más nada, es terrible. Creo que en todo tipo de arte esto se sufre”, cuenta. Para combatirlo, agrega: “Son varias las maneras de construir un chiste. En mi caso, tengo muchas ideas o bocetos a los que después vuelvo. A veces encuentro cosas y las retomo”.

“En general trato, todos los días, de escribir por lo menos un chiste, -dice-, a lo mejor no lo termino de armar o dibujar, pero hago algo. Es un compromiso más conmigo, no con los tiempos de ninguna red social”.

De la tierra de Mafalda

Así como Carlos Loiseau se nombró Caloi o Joaquín Salvador Lavado Tejón se convirtió en Quino, Agite cuenta que su seudónimo de historietista apareció de casualidad: “Ahora lo veo como un buen seudónimo para la temática que toco, pero en realidad vino de un amigo, porque yo era muy rompebolas. Él me decía, vos sos un agite, y quedó”.

En su lista de “fundamentales” que lo guiaron en el oficio, Agite menciona a Quino, que a través de Mafalda le llegó “desde chico”; a Eneko, caricaturista y humorista gráfico venezolano; y a Bill Watterson, dibujante estadounidense creador de la tira Calvin y Hobbes sobre un niño que se imagina diálogos con su tigre de peluche. “Si lo leés, te das cuenta de cómo influenció a muchísima gente, por ejemplo, a Liniers. Es muy bueno”, dice.

Hacia el interior de nuestro país, un recomendado por Agite es el santafesino El Cape: “Trabajamos juntos en La Tinta y aunque ahora no hace tanto humor gráfico, hace unas ilustraciones preciosas, trabaja para Abuelas. Es uno de los que más admiro de acá. Uno de los mejores del mundo, le digo siempre”.

En el Día de la Historieta: apuntar al enemigo

El Día de la Historieta en Argentina se conmemora cada 4 de septiembre. Esta fecha recuerda el lanzamiento del primer número de Hora Cero (1957), revista donde se publicó la mítica obra El Eternauta, de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López.

Como todo clásico, El Eternauta se resignifica cada vez para seguir alumbrándonos algún sentido sobre el presente. En esta historia el enemigo no tiene rostro, pero siempre acecha. Gurbos, Cascarudos, Hombres-Robot, son sólo encarnaciones esporádicas de un enemigo al que sólo se le puede hacer frente de manera colectiva.

El Eternauta para mí habla del poder, de que no tiene cara. El enemigo no es visible como no es visible el poder. Nuestro enemigo es el poder real. Milei es un títere. Todos los políticos son títeres, atienden los quioscos del poder, pero no son el poder. Hay que recordar eso”, dice Agite.

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