“Escuela del Trabajo”: 95 años y un disparador en la memoria de “notables” egresados

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La “Escuela del Trabajo” cumple 95 años de trayectoria formadora y con ellos se afianza la mística y el sentido de pertenencia con que sus egresados rememoran su paso por esos talleres y aulas.

Adolfo Borda, Carlos “Bocha” Huriet y Oscar Bauk, fieles reflejos de “aquellos” estudiantes que hoy los sorprende Villa María Educativa en el fragor cotidiano: empresario en China, periodista y relator deportivo y médico cardiocirujano, respectivamente.

“Escuela del Trabajo”: “Me hizo valorar el método y la paciencia para ir alcanzado los sueños”

Borda es Ingeniero Industrial y vive en el gigante asiático desde 2004 donde llegó para fabricar máquinas destinadas a la industria de la madera y en 2010 abrió una empresa de servicios industriales, venta de maquinarias y proyectos de fábricas llave en mano. “Antes que ingeniero, siempre digo que soy Técnico Electromecánico. Eso viene de la Escuela del Trabajo. Fue un cambio fundamental, vengo de una familia muy pobre, la escuela pública a nosotros nos cambió la vida”, se presenta Adolfo que cursó entre 1986 y 1991.

Comercializa con distintos países del globo y llegó a venderle a Venezuela las hélices de los barcos que utiliza PDVSA, proyectos de enchapados en Colombia, pero remarca que “la Escuela del Trabajo fue la llave que inició todo esto”. Y lo explica: “Nací en Córdoba, mis abuelos vivían en Villa María, y al terminar la primaria buscábamos una escuela técnica, y me anotaron ahí. Creo que fue la mejor decisión que ellos tomaron y que influyó totalmente en mi vida”.

Adolfo (segundo desde la izq.) en una de sus plantas en China

Ese colegio, subraya Borda, “no sólo me dio el hecho de saber valorar el trabajo sino el método y la paciencia para ir alcanzado los sueños. Sólo tengo palabras de agradecimiento…”. Y vienen a su memoria los perfiles formadores de los profesores Vilella, Ferreyra y Oscar Rubiolo, quien también ofició de director, “y todos los maestros de Taller…, la verdad que ha sido una experiencia enriquecedora”.

“Escuela del Trabajo”: “El oficio es ese escudo que te da la escuela para enfrentar a la vida”

Esta voz parece haberse colado de algún fin de semana entre amigos y fútbol pegados a la radio. Pero no, vuelvo al chat de WhatsApp y observo que no equivoqué de audio: es el propio “Bocha” Huriet remembrando su paso por el ex “IPET N°2 Domingo F. Sarmiento” en la década del ´70, siendo medio pupilo, y muy cerca de la casa de su hermana que, cuando hoy la visita, siempre pasa por el frente y le vuelven los recuerdos.

¿Casualidad o causalidad? El hoy reconocido relator de fútbol comenzó con sus relatos en el patio de la escuela. “Increíblemente, en ese patio donde jugábamos al fútbol, en broma comencé a relatar, lo que finalmente iba ser mi profesión. Cuando uno ingresa ahí, va detrás de un oficio, y lo bueno que tienen estas escuelas es que te enseñan a laburar, y el oficio es ese escudo que te da la escuela para enfrentar a la vida”. Y lo enfatiza: “Estudié Electrónica y mis primeros trabajos tuvieron relación directa con mi profesión, mis primeros mangos ganados fueron con ese oficio. Lo importante que son estas escuelas en la vida de nuestro país y en cualquier lugar del mundo”.

Un joven «Bocha» Huriet con el legendario «Negro» Brizuela

El “Bocha” no escatima elogios para la escuela que está cumpliendo 95 años: “Tendré siempre palabras de agradecimiento: por la formación, por el amor que recibí, por la posibilidad de tener un oficio. Siempre estarán en mi corazón, en mi memoria y en mis momentos nostálgicos”.

“Escuela del Trabajo”: “Cuando me alojo en un hotel, no digo que soy médico, soy mecánico”

Oscar Lorenzo Bauk nació en el campo (entre Ballesteros Sud e Idiazabal), hijo de inmigrantes austríacos, de chico hizo tareas en el campo mientras comenzaba en una escuela rural plurigrado, luego fue contratado como Tornero (por el título obtenido en la Escuela del Trabajo) en una fábrica de implementos agrícolas para después recalar siendo un reconocido medico cirujano, especialista en cirugía cardio-vascular.

Bauk y su torno: «Es mi momento de tranquilidad, me hace pensar», dice

Se sorprende ante nuestro requerimiento para que deje algunas reflexiones de su paso por la Escuela del Trabajo: “Tengo que decir que me llamó la atención volver a escuchar Escuela del Trabajo. Después que me recibí de Perito Mecánico Tornero pasó a ser IPET e IPEM con un número… El nombre de Escuela del Trabajo ya impone una predisposición para quien desee ingresar, es como un examen de ingreso, la palabra lo impone. Sigo siendo de la escuela, nunca me fui. Voy periódicamente a dar charlas y el título es siempre Sentido de pertenencia”. Bucea en su personalidad y dice: “Soy tornero, lo llevo en el alma, pero también soy médico y lo que hago en el corazón, que es un órgano único, central y móvil, y que de él emana la vida, no deja de ser una bomba, aspirante y expelente, electrónicamente controlada por el nódulo sinusal. Explico: cuando me alojo en un hotel no digo que soy médico, digo que soy mecánico. En mi vida siempre soy mecánico y funciono como médico”.

Centrando sus recuerdos, Bauk subraya: “Había que trabajar para estudiar. No tuve opción. Nací en una chacra precaria, techo de zinc acanalado y piso de tierra. La Escuela del Trabajo me cobijó, me educo y me marco el camino de la disciplina como canal de ejecución. La motivación es una cosa espontánea, la disciplina no: en el colegio yo me levantaba a las 2.20 de la mañana todos los días, y el “Gallego” Pineda, que estudiaba Automotores, me pedía que lo despertara. ¿Qué resultó de esto? Que yo fuera Abanderado y Pineda Escolta, no era por inteligencia era porque estábamos ahí y estudiábamos… Las buenas cosas de mi vida vinieron cuando acepté los desafíos importantes, los atajos suelen ser largos y dolorosos. Lo que también me enseñó la Escuela del Trabajo, y lo van a ver en los alumnos que se diferencian del resto, es mantenerse humilde”.

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