Se desarrolló el XVII Foro Latinoamericano de Educación. Fue organizado por Fundación Santillana y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), con el apoyo del IIPE UNESCO América Latina y el Caribe y la Biblioteca del Congreso de la Nación.
La profesionalización de la función directiva, la construcción de liderazgos capaces de movilizar a las comunidades educativas y la necesidad de generar mejores condiciones para la gestión fueron algunos de los ejes abordados.
“Los desafíos de la gestión educativa”
Dirigir una escuela supone hoy mucho más que administrar recursos y responder a las demandas cotidianas. Los cambios sociales, culturales y educativos colocan a los equipos directivos frente al desafío de conducir organizaciones complejas, acompañar a los docentes, construir acuerdos y sostener proyectos colectivos en escenarios de creciente incertidumbre.
“En Fundación Santillana promovemos espacios de reflexión que permitan poner en agenda los desafíos que hoy atraviesan a la educación. En esta edición elegimos poner el foco en el liderazgo directivo porque quienes conducen las escuelas tienen un papel central en la construcción de equipos, en la mejora institucional y en la capacidad de transformar las prácticas educativas. Abrir esta discusión es también una forma de aportar a políticas y condiciones que fortalezcan su tarea”, señaló Nilda Palacios, coordinadora de Proyectos de Fundación Santillana.
El Foro reunió a referentes de distintos ámbitos de la gestión y la investigación educativa de la región. Entre ellos participaron Luis Scasso, Director de la Oficina en Argentina de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI); los ministros de Educación Ramiro Aranda, de Misiones, y Horacio Ferreyra, de Córdoba; Nilda Palacios, coordinadora de proyectos de Fundación Santillana; junto con especialistas e investigadores como José Weinstein, Silvina Gvirtz, Claudia Romero, Bernardo Blejmar, Alejandra Cardini, Vannina Trentin, Gabriel Brener, Agustín Porres y Gabriela Azar.
Profesionalizar la dirección escolar
Uno de los principales ejes del debate fue la necesidad de reconocer la conducción de las escuelas como una función profesional con saberes y capacidades específicas. En este sentido, Scasso, señaló que los directivos deben asumir simultáneamente funciones administrativas, pedagógicas, sociales e institucionales en un escenario caracterizado por la incertidumbre y la complejidad.
Ante estos cambios, Scasso planteó que el problema no pasa por comparar a los directores actuales con los del pasado, sino por reconocer que la escuela, la sociedad y las responsabilidades de quienes conducen las instituciones cambiaron profundamente, mientras muchas estructuras y herramientas continúan respondiendo a otro contexto. Por eso, sostuvo que la función directiva necesita formación, carrera, recursos, acompañamiento y actualización.
Alineado a esto, José Weinstein, Director del Programa de Liderazgo de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales de Chile, centró su conferencia en las lecciones que deja la experiencia chilena de más de veinte años de políticas orientadas al liderazgo escolar. Su punto de partida fue que la relevancia del “factor directivo” ya cuenta con abundante evidencia: las prácticas de quienes conducen las escuelas pueden favorecer procesos sostenidos de mejora, pero también afectar negativamente el clima escolar, la permanencia docente y la vida institucional.
Liderar es construir capacidades colectivas
Las distintas intervenciones también pusieron el foco en una concepción del liderazgo que excede la autoridad asociada al cargo. Conducir implica generar confianza, construir acuerdos, acompañar equipos y favorecer que las capacidades presentes en cada comunidad educativa puedan desarrollarse.
Cobra relevancia aquí la conferencia de Silvina Gvirtz, Doctora en Educación, quien abordó el liderazgo desde una pregunta muy concreta: quién decide, sobre qué decide y cómo se toman las decisiones dentro de una escuela. Su planteo diferenció los modelos jerárquicos, donde las decisiones permanecen concentradas en quien ocupa el cargo, de los modelos de liderazgo distribuido, que incorporan a otros actores de la comunidad educativa y muestran mayor capacidad para sostener procesos de mejora en el tiempo.
“Se aprende a liderar”, subrayó. Por eso, avanzar hacia formas más colaborativas de conducción requiere fortalecer la formación de los futuros directivos, incorporar estas capacidades desde la formación docente inicial y preparar también a quienes tienen la responsabilidad de formar líderes escolares.
Esta mirada desplaza la idea del director como una figura que debe resolver individualmente todos los problemas y coloca en primer plano la construcción de equipos y los liderazgos compartidos.
Autonomía, formación y acompañamiento
El desafío, en este sentido, no pasa solamente por definir qué se espera de un buen directivo, sino también por discutir qué herramientas, formación, autonomía y redes de acompañamiento debe ofrecer la política educativa para que esa tarea pueda desarrollarse. La intervención de los Ministros de Educación de Misiones y de Córdoba se centró en este desafío.

Desde la política educativa, Aranda (Misiones), planteó la necesidad de revalorizar y profesionalizar la función directiva, avanzar en una carrera específica y acompañar a los directores con formación y herramientas. Ferreyra (Córdoba) puso el foco en recuperar la centralidad pedagógica de la conducción y explicó el trabajo que la provincia desarrolla en formación y en la construcción de marcos de actuación junto con los propios directivos.
Un debate que continúa
Las reflexiones desarrolladas durante el Foro dialogaron con el documento base Por un nuevo posible en la gestión escolar. A propósito del rol directivo en tiempos de confusión, escrito por Bernardo Blejmar, con la colaboración de Paula Coto y Julián Blejmar. El documento se puede descargar acá de manera gratuita.
Más allá de las distintas perspectivas presentadas, las jornadas colocaron una cuestión en el centro de la agenda: mejorar las escuelas también requiere fortalecer a quienes tienen la responsabilidad de conducirlas. Esto supone avanzar en la profesionalización del rol, pero también revisar las condiciones institucionales y sistémicas que hacen posible ejercer ese liderazgo.
Durante su intervención, Bernardo Blejmar puso el foco en la importancia del liderazgo pedagógico y en la necesidad de repensar el rol de los equipos directivos frente a las nuevas complejidades que atraviesan las instituciones educativas.
“Hay dos preguntas que para mí definen la legitimidad de cualquier proyecto: por qué y para qué hacemos lo que hacemos”, señaló. En ese sentido, sostuvo que, si bien existe un amplio consenso acerca de la relevancia del liderazgo pedagógico para los aprendizajes, todavía queda un largo recorrido para pensar ese rol en relación con escenarios cada vez más complejos e inesperados.
Fuente: Fundación Santillana.

