Cooperativa Las Violetas: “Si queremos salir adelante en este mundo, la única forma es organizándonos entre nosotras”

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Norma “Pepa” Gorofino tiene 66 años y vive hace 45 en el barrio Las Acacias. Madre de cinco hijos y abuela de una docena de nietos, se presenta y dice: “yo hago costura, soy costurera”.

Aprendió sola, cuenta, guiándose de los moldes que traían las revistas Temporada, Neue Mode o Burda. Aprendió sola porque tenía “hijos chicos” a quienes vestir, a quienes alimentar.

“Empecé haciendo cositas para mis hijos. Después, me puse a hacer vestidos de novia, vestidos de 15 y cosas así. Ya tengo mi clientela”, cuenta. Y dice que sigue aprendiendo, esta vez, junto a una de sus nietas -que estudia Diseño de Indumentaria en “el Bellas Artes”- y con “las chicas” de la cooperativa textil Las Violetas.

Una casa en Las Acacias

Julia Chiavenato (25) milita en La Cámpora Villa María y es una de “las chicas” que forma parte de la cooperativa. Ella cuenta que el proyecto surgió entre finales de 2020 y principios del 2021, y que “la coope” tiene su sede en Las Acacias, en un espacio que La Campora alquila desde el 2015.

“Primero alquilábamos una piecita construida como prolongación de una casa y en 2021 pudimos acceder a alquilar la casa completa. Ahora, ahí tenemos el Centro Cultural Clarita Ochoa, que es el nombre de la vecina que nos abrió las puertas en el barrio”, comenta.

Julia, de pie, al centro de la foto

Dice que Clara era “una militante del barrio”, que “siempre estuvo ahí para defender a los vecinos, para acompañarlos; era de esas vecinas que luchan por el bienestar colectivo”.

Clara falleció en el 2019 y Pepa se acuerda de ella. Dice que se conocían desde la escuela primaria, que fue su mejor amiga: “Me aguantaba a la noche cuando yo tenía todos esos vestidos de fiesta para hacer. Se quedaba hasta las cuatro, cinco, seis de la mañana conmigo. Ella tomaba mate y yo tomaba café para no dormirme. La conocí mucho, mucho”.

Una cooperativa de mujeres 

Esto cuenta Julia: “Las mujeres que inicialmente conformaron la cooperativa eran las que antes se ocupaban de la olla y del ropero en la casita. Durante la pandemia, ellas deciden organizarse y así surge la idea de hacer una cooperativa de mujeres”.

“Sobre todo, porque en los barrios populares las mujeres siempre son las que se ocupan más de las tareas domésticas y es más complejo para ellas salir a buscar un trabajo”, agrega.

Algunas vecinas tenían experiencia y máquinas de coser. En el ropero de “la casita” había muchas prendas que “la gente no se llevaba” y quedaban “estancadas”. Pantalones de jean y gabardina, camisas, blusas, remeras de algodón. Telas que se podían reutilizar y desarmar para armar algo nuevo.

Entonces lo hicieron. Las que sabían de costura les enseñaron a las que no. Con “mucha paciencia y amor”, cuenta Julia, “porque la idea era que el espacio funcionara como un lugar de aprendizaje y de oficio para que las mujeres pudieran tener un ingreso económico, pero también, un espacio de contención”.

La costura como oficio

“Es lindo estar con ellas -dice Pepa- compartimos un momento todas juntas y hablamos mucho, nos consultamos cosas, nos reímos, nos ayudamos”. Esto pasa todos los jueves por la tarde en la calle que le da nombre a la cooperativa, Las Violetas N° 320.

Dice Pepa que las horas corren “rapidísimo” por lo bien que la pasan: “Siempre una espera el día jueves para ir y estar con ellas. Yo me siento bien, me siento contenida”.

Pepa cuenta que se casó a los 15 años y no alcanzó a cursar la secundaria porque se quedó embarazada de su primera hija. Dice, también, que había intentado anotarse en una escuela donde “enseñaban a coser, a trabajar en madera, un montón de cosas”.

La costura, de todas formas, se convirtió en su oficio. “Ahora tengo una nieta que estudia y me está enseñando a hacer los moldes. También tengo otra nieta que termina (la escuela) el año que viene y va a estudiar lo mismo. Siempre están acá conmigo, me ven hacer esto y les gusta”, dice.

Sobre la industria de la indumentaria

Julia es diseñadora de indumentaria egresada del “Bellas Artes” y dice que encontró en “la coope” una manera de unir su oficio con su militancia política y social. Halló “una posibilidad de militar políticamente” desde la indumentaria, lejos de toda “frivolidad” asociada habitualmente a este ámbito.

“La industria de la indumentaria es la segunda más contaminante en el mundo después de la petrolera”, señala y remarca la característica ambiental de “la coope” a través de la reutilización de telas.

Empezaron vendiendo delantales de cocina hechos con jean, “mientras las mujeres le agarraban la mano a la máquina”, hasta incorporar cosas nuevas como bolsas de tela, señaladores, tabaqueras, almohadones, “objetos para usar en la vida cotidiana”, dice Julia. Hoy el “grupo fijo” está conformado por alrededor de 15 mujeres.

De aprendizajes colectivos

Desde hace dos meses, en Las Violetas se preparan para la próxima edición de la Verbena. La feria navideña que tendrá lugar del 21 al 23 de diciembre en el Centro Cultural Leonardo Favio.

“A mí como persona, no sólo como diseñadora, la coope me permitió crecer y aprender un montón, porque así como yo fui a enseñarles a ellas a coser, ellas me enseñaron muchas cosas a mí”, dice Julia.

Y agrega: “La gente perdió la fe en la política y hay muchos prejuicios con quienes militamos. Pero nosotras creemos que la política le cambia la vida a la gente y que la salida es colectiva; que si queremos salir adelante en este mundo, la única forma de hacerlo es organizándonos y acompañándonos entre nosotras”.

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