Docentes bonaerenses trabajan en el rescate de voces originarias y migrantes

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Un grupo de docentes bonaerenses de música de escuelas públicas comenzó, en 2014, con un proyecto que busca rescatar lenguas originarias de la región a través del arte. El grupo Ayni empezó con la idea de reivindicar lenguas que estaban en la comunidad, pero no llegaban a la escuela.

En las instituciones en las que trabajaban, con un alto porcentaje de población migrante, empezaron a notar que algunas voces estaban silenciadas en las aulas, pero presentes en las conversaciones fuera de la escuela. Por eso, convocaron a estudiantes y familiares que hablaban quechua, aymara y guaraní para armar un registro sonoro que fue parte de su primer CD.

Incluyeron canciones, cuentos y leyendas latinoamericanas en varios idiomas. Hoy, además, brindan talleres sobre migración y espectáculos en jardines. También están grabando su cuarto álbum.

Docentes argentinos trabajan en el rescate de voces originarias y migrantes

“Cuando inició Ayni yo trabajaba en un jardín del Bajo Flores con Fernando, un exintegrante del grupo. La idea al principio fue pensar un disco con las voces que sentíamos que no estaban en el jardín. La población de la zona era mayoritariamente migrante, proveniente de Bolivia, Paraguay y Perú, y la escuela no tomaba muy en cuenta esa realidad barrial”, cuenta Soledad Dumon, guitarrista, corista y compositora del grupo que empezó como “Proyecto disco”, que presentaron a las autoridades de la escuela y que se extendió como convocatoria a los docentes del distrito. Pero después del primer álbum la iniciativa creció y se transformó en el “Proyecto Ayni”.

Ayni, en aymara, significa ayudarse unos a otros. Poner un granito de arena para cosechar buenas cosas mañana. Así lo explican en su segundo disco, y la idea se repite en cada iniciativa del grupo, como un podcast que grabaron en tiempos de pandemia.

Los frutos del primer disco no tardaron en llegar. Cada estudiante se llevó a su casa un CD y llevó su casa a las escuelas: las tradiciones de Bolivia, Perú y Paraguay se hicieron parte de la comunidad educativa –o la comunidad educativa se convirtió en parte de la comunidad barrial–.

Voces

“En el jardín del Bajo Flores pasó que las familias que habían formado parte del disco empezaron a participar también de algunas instancias como los actos, los saludos, y traduciendo algunas de las canciones”, explica Soledad.

“Hay una canción que fue como el hit, que es una morenada, una canción boliviana con la que hicimos el primer videoclip y que los chicos y las chicas se la apropiaron inmediatamente. Muchos reconocieron el ritmo, lo bailaban y enseñaban a los compañeros a bailar, porque tenían algún familiar que estaba en una comparsa o en algún grupo de bailes típicos”, agrega.

El grupo Ayni durante una de sus presentaciones

“En estas comunidades en las casas quizás tenían muy naturalizado que un familiar baile, participe o conozca la morenada, pero dentro del jardín jamás la escucharon. Escucharla dentro de su espacio de pertenencia fue movilizador, se generó ahí una horizontalidad de la enseñanza”, comenta Sofía.

De esa horizontalidad surgieron nuevos conocimientos: algunas familias organizaron talleres para otras en las que enseñaban los ritmos típicos de sus países.

Contextos

Según la Unesco, en el mundo se hablan 7.000 idiomas, de los cuales 6.700 son lenguas indígenas. Sin embargo, casi la mitad de ellas están en riesgo de desaparecer “a un ritmo alarmante”.

En América Latina, casi la quinta parte de los pueblos indígenas dejaron de hablar su lengua.

El segundo disco del grupo Ayni incorporó nuevas canciones, voces, y un diccionario en quechua y en guaraní. “En el diccionario quechua invitamos a participar a Sonia, que es una vecina del barrio que formaba parte de un taller de canto colectivo en el centro de salud. Sonia habla y canta en quechua y había inventado una canción. A esta canción la grabamos un año después”, comenta Sofía.

El proyecto creció y se extendió a otras escuelas. El grupo puede seguir funcionando, en parte, gracias a la presentación de espectáculos para los que son contratados por las cooperadoras. Además, comparten su experiencia con otros docentes.

Fuente: Aldea Global (texto de Agustina Bordigoni)

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