El Programa de Historia Oral y Memorias Locales llevó a cabo una Jornada Educativa en el Reloj de Sol. Se trató de una original “clase pública” a cielo abierto, con la participación de estudiantes, sobre los ecos de la Dictadura Cívico Militar y Eclesiástica en Argentina y Derechos Humanos.
En el marco de los 50 años del Golpe Militar se llevó a cabo esta acción de memoria y reflexión a partir de las restituciones a las familias de los y las militantes, entre ellas la de Liliana Felipe y Luis Mónaco.

Aunque costó, hasta el sol se hizo un espacio en el cielo en su búsqueda de aparecer, en ese memorial de la Costanera cubierto de estudiantes, docentes, familiares, amigos, representantes de instituciones y el acompañamiento musical del dúo López-Manfredini con melodías y letras que llamaron a la reflexión.
Jornada Educativa-Reloj de Sol
Los tiempos lentos y de cruda espera marcaron aquellos pasos indispensables dados por Don Gregorio Felipe: desde las presentaciones de los habeas corpus hasta la gestión de este símbolo memorial en que se transformó el Reloj de Sol.
Durante este taller-clase pública las familiares de Felipe-Mónaco, de Eduardo “Gallego” Requena y del empleado de EPEC, y custodio personal de Agustín Tosco, José Nicolas Brizuela resaltaron, ante la mirada atenta, aunque silenciosa, de las y los estudiantes Abanderados y Escoltas, la importancia de mantener viva la memoria colectiva sobre los hechos acaecidos desde 1976 hasta nuestros días.
La reverberancia de los recuerdos
Paula Mónaco Felipe, hija de Ester y Luis que al momento de la desaparición contaba con 25 días de vida, sintetizó el momento: «Sólo el dolor es personal. La pelea fue grupal”. Agregó: “Estamos muy contentas de estar acá porque Villa María es una ciudad que ha buscado con nosotros. Fue una búsqueda colectiva. Estamos pensando en organizar el regreso de Ester y Luis a Villa María en unos meses, y hacerlo colectivamente con los espacios que han hecho esfuerzos de memoria”.

Durante el taller, Soledad Felipe explicaba a estudiantes: “Este Reloj se hizo a principios de la década del ´90, con la información que teníamos en ese momento, ahora sabemos que relacionados con Villa María hay 20 desapariciones que no están incluidos acá pero sí en la memoria y en cada marcha”.
Memoria y la donación de ADN
Sonia, quien recuperó el cuerpo de su papá José Brizuela (desaparecido el 28 de octubre de 1977), empleado de EPEC y militante del Sindicato de Luz y Fuerza, hoy vive en Villa María: “Lo importante que es para nuestra familia recuperar el cuerpo: saber que estaba ahí, saber que ellos estaban ahí, que no lo podían ocultar más. Les cuento que el pedacito de hueso que encontraron de mi papá, que pertenece a una parte de su pie, tiene 5 centímetros, y que gracias al ADN de sus hermanas y al Equipo Argentino de Antropología Forense se lo pudo identificar. De ahí la importancia de que todas las familias donen el ADN”.

Silvina Requena, hermana del docente y dirigente gremial de CTERA “Gallego” Requena, explicó los avatares de su familia para conocer el paradero: “A veces es algunas iglesias nos daban lugar, y así empezamos las familias a buscar. Fue una cosa muy lenta: imagínense, pasaron 50 años, cuántos desaparecidos hay y los poquitos que hemos encontrado. Por eso recuerden siempre, como en otras fechas, recordar lo que sucedió en 1976, la importancia de mantener viva la memoria”.

