Una flamante bióloga, egresada de la Universidad del Litoral, está cumpliendo sueños de infancia. Un grupo de villamarienses, en tanto, ofician de soporte de viaje, realizando distintos trabajos de voluntariado animal por distintas zonas de África.
“Siempre soñé con trabajar con animales en Sudáfrica. En unas semanas, eso va a ser mi realidad. Mi primer trabajo como bióloga va a ser con animales africanos”, este posteo del 19 de junio iba macerando lo que sería el post publicado hace horas: “Tuve la suerte y el privilegio de trabajar en un Centro de Rescate, Rehabilitación y Conservación de pingüinos en Sudáfrica. Fue un comienzo difícil, pero otra vez me demostré que todo esfuerzo tiene su recompensa. Estoy muy feliz”.
Sueños que florecen en la sabana
Victoria Rosso (26, santafesina) acaba de recibir su titulación como Licenciada en Biodiversidad, después de defender su tesina sobre “Aislamiento, caracterización y purificación de bacteriófagos destinados al control de microorganismos patógenos”. Su recorrido académico: Comenzó la cursada en 2018 y egresó el 9 de junio pasado. En el medio cumplió con seis meses de intercambio estudiantil en México, una pasantía en docencia en genética, otra pasantía en investigación en genética con ADN ambiental (1 año y medio), y una “cientibeca” en el INLAIN (2 años y medio).
“Desde niña miraba muchos documentales de Animal Planet o National Geografic, me gustaban mucho los animales. Al compartirlos con mi papá ya le decía yo quiero estar ahí, quiero trabajar con aminales…, al igual que las personas que veía”, dice Victoria, al otro lado del teléfono, cuando nos desarrolla esta crónica de un viaje anunciado a la profundidad de la sabana.

Y avanza en el desglose sobre cómo apareció la oportunidad. “Siempre fue mi sueño ir a África, como un todo, y no lo subdividía, yo lo que quería era ver animales: Elefantes, leones, rinocerontes, leopardos…, quería conocer esa fauna”, subraya, y por eso mismo quiso ser bióloga. Averiguó mucho en ese sentido, se topó con mucha desinformación, se requería viajar en grupo, y las posibilidades como que se desdibujaban.
Su primer viaje
Al estar en México, con una beca de estudio, se hizo de amigos y amigas, y el último día de su estadía aparece una oportunidad: “Al estar en la casa de unos amigos, llega un chico, que se llama Matías, que después viendo un reel de su Instagram, decía viajo a Sudáfrica, llevo gente conmigo. Me empecé a manijear, le escribí, me pasó la información, la invité a mi mamá, y vinimos en noviembre (2025) como turistas. Hicimos unos días en Ciudad del Cabo y safaris. El safari me cambió la vida: ese mismo chico me dijo quiero formar una agencia de viaje, quiero que trabajes conmigo el año que viene”.

Regresó a Argentina, se graduó y recibió ese aventón que toda aventurera necesita. “Matías me dice que tenía ganas de hacer un proyecto de voluntariados y me gustaría que seas vos quien los haga. Desde Argentina estuve tres o cuatro meses buscando voluntariados acá en África. Me contacté, cerré algunos acuerdos, siempre en base a la propuesta de nuestra empresa. Ofreciendo darles visibilidad a los proyectos, crear contenidos, más que nada poder mostrar el trabajo que se hace…, y acá estoy, cumpliendo un sueño”.
La teoría y la práctica
Cuenta sobre la amplitud de la carrera que acaba de egresar: se estudia vida marina, terrestre, ríos… “pero estudié mucho las generalidades de los animales, los grupos. Mucho fauna argentina o latinoamericana, pero no había visto mucho de fauna africana. Lo que sé fue por mi curiosidad o aprenderlo de chica”, comparte.
Teoría y práctica. “La verdad…, encontrarse con la realidad, con los animales, las plantas, que tanto viste en un libro o en un documental, no dimensiono lo que estoy viviendo, es emocionante. Obvio que siempre en una carrera hay cosas que no te gustan, y decís para que lo estoy estudiando sin no voy a verlo jamás: los estoy viendo, e investigo más, y me emociona muchísimo. Me hace sentir que tanto esfuerzo valió la pena, ciento por ciento”.
Mantis, la empresa, como eslabón para recorrer el mundo
Victoria no duda en responder a cómo se imagina su futuro mediato: “Trabajando en esta misma empresa, Mantis, pero viajando por todo el mundo, y no solamente Sudáfrica sino distintos países. Inclusive Mantis ya tiene la idea de irse al sudeste asiático, y me imagino haciendo voluntariado o trabajando en proyectos de conservación de fauna silvestre por el mundo”.


Como corolario local, estos son los y las villamarienses que trabajan en la empresa, sosteniendo también sus propios sueños de hacer camino: Matías Muñoz (CEO y creador), Nicolás Paviolo, Julieta Zagales, Augusto Clara, Tomás Martina, Benjamín Barbiani, Pablo Carrizo, Fátima Sosa, Rosario Durante y María Josefina Pedraza.
El impacto de la “estrella culona” y el desfinanciamiento a la ciencia
La crónica iba sobre los rieles de la necesidad de una búsqueda, conocer los orígenes, la preservación y el cuidado de la flora y la fauna. En el mar, el año pasado, un grupo de científicos y científicas de CONICET (durante las últimas horas se perdieron 400 investigadores) , nos proporcionaron, en vivo y directo, un curso corto sobre las bondades marinas. “La expedición de CONICET, me encantó, la vi casi todos los días, me juntaba con las amigas de la facultad, fue muy emocionante ver que muchas de las cosas que se mostraban lo habíamos estudiado… Era una misión argentina, se hablaba mucho de CONICET, y eso me emocionó muchísimo”, recuerda la bióloga.

Agrega: “La educación en Argentina es buenísima. Si me pone mal que no se financie la ciencia y los descubrimientos. Creo que hoy en día vivimos en un mundo que se quiere todo ya, resultados ya, avances ya…, y la ciencia no es así. Los avances se dan de poco: algo que descubriste hoy, va a tener impacto en 10 años. Por eso todo esto me pone muy triste, hice varias pasantías en CONICET, me tesis la hice en un instituto del CONICET, tenemos mucha cercanía con CONICET…”.
La estrella culona semejó un eslabón perdido como apéndice de un trabajo interdisciplinario. Victoria, desde hace semanas, se transforma en otro eslabón de la educación pública argentina que viaja por el mundo demostrando las bondades que anidan en nuestras aulas.

