Día de la Maestra y el Maestro: De tacos y maquillada, Vanesa reparte su tiempo entre aulas y una gerencia

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Cuando se celebra el Día de la Maestra y el Maestro se amontonan sensaciones y reflexiones en torno a un oficio enaltecido por décadas y que, últimamente, se le comienza a observar resquicios producto de la vida cotidiana. Esta crónica alusiva no pretende ahondar en esos resquicios que las y los lectores conocen, y muchos padecen, sino acercar una experiencia real y contrastable de una “docente taxi” con ingredientes enaltecedores, como seguramente tantos otros.

“Me día arranca muy temprano, a las siete de la mañana. Hasta las 17.30 trabajo en el ámbito privado, y a las 7 de la tarde, todos los días menos los viernes, doy clases hasta tarde en diferentes colegios”, nos cuenta Vanesa Barberis, mamá de tres hijos (24, 14 y 6 años) y compañera de vida de Federico, quien acompaña esa labor docente haciendo fotocopias, comprando afiches o conduciendo cuando fue momento de dar clases en algún pueblo.

Vanesa es docente en el IPEM 147 (6° año), en el CENMA 96, en el CENMA MAO y da clases en el Centro de Desarrollo Regional (CEDER), en el Programa Cba Me Capacita. A su vez, se desempeña como Gerente Administrativa en la empresa Le Parc, en el área de Recursos Humanos.

Día de la Maestra y el Maestro

Las aulas la reciben, cada día, con indumentaria de “gerente”, de tacos y maquillada, pero con alma de “formadora”. Y la picardía del estudiantado no lo deja pasar: “Profe qué linda se vino hoy…, qué bonitos esos zapatos”.

En el día, en la faz privada, y por las noches, y algunas mañanas, es profesora del área Técnica Profesional en la Orientación Economía, dictando materias con íntima relación al perfil laboral de egresadas y egresados (Formación para la Vida y el Trabajo, Espacios de Vinculación, etcétera).

“Se hace una semana pesada… pero la verdad me gusta mucho, no lo siento como un peso. Mi trabajo privado, hace ya más de 20 años, me permite estar en el sistema, mantenerme y mantener mi familia… La escuela apareció hace 10 años, como alternativa, me encantó, me quedé a tomar más horas y prepararme cada vez más para estar frente al aula”, describe con una voz cansina pero que dejar entrever destellos de orgullo.

Perdón Domingo Faustino: una de cal y otra de arena

La charla continúa y aparece lo cotidiano. “El aula es hoy mi espacio…, por ejemplo, no voy al gimnasio. La escuela es hoy mi espacio de recreación y lo disfruto un montón. Me permite estar activa, me inyecta esa adrenalina que tienen los estudiantes de desafíos nuevos, que todos los años existen cursos diferentes, estar siempre actualizada, te saca de la rutina. No es negociable para mí dejar la escuela”, enfatiza en clave que enaltecería a Sarmiento, si se me permite.

El prócer, desde el bronce, en tanto, no puede cuantificar el estado en que está inmersa la docencia argentina. “La verdad que no decidiría hacer otra cosa. No dejaría la docencia, ni me replanteo dejar de ser docente, pero sí el contexto que tenemos. Los docentes estamos muy golpeados. No nos sentimos acompañados…, por la sociedad, por las familias, por el contexto”, parece decirle al sanjuanino.

Avanza, y lo fundamenta: “Lo nuestro es netamente vocación, más en un momento donde ni los salarios acompañan lo que hacemos: los profes vamos de una escuela a otra, superponemos horarios, llevamos materiales de trabajo, tenemos sobrecarga laboral, y eso se observa en el desgranamiento que tenemos en estos últimos años…, es muy grande. Deja de ser rentable, hay profes que tienen dos o tres trabajos, porque es imposible vivir siendo solamente docente”.

“Si no trabajaría en lo privado, no podría preparar a los estudiantes para el mercado laboral”

Las experiencias de cada docente suman a la hora de llevar a la práctica lo que pide o enumera el programa escolar. Esta docente sostiene: “Si yo no trabajaría en lo privado, no podría preparar a los estudiantes para que se inserten en el mercado laboral. Si tengo que encontrar mi fortaleza como docente, transito y recorro lo privado hace tantos años, que me permite vincularlos, ayudarlos a encontrar trabajo, ver las demandas del mercado laboral, cómo los ayudo. Organizo charlas, eventos, talleres para que los chicos tengan acceso a un montón de cosas que si me quedara sólo en la docencia no lo podría hacer”.

Vanesa acompañando a estudiantes del MAO en su primer día de pasantías en el Banco Córdoba.

Aparece la repregunta, si tenemos en cuenta la coyuntura. ¿Qué devolución recibe de los estudiantes? Vanesa responde: “Tengo mucho contacto con mis egresados y estamos en grupos donde intercambiamos todo el tiempo (situaciones). Reconocen que, aunque la escuela les de un montón de herramientas, en su momento no las valoran. Cuando salen la vida les da un cachetazo. Se encuentran que, aunque tengamos una ciudad donde existen todas las carreras para estudiar y todas las empresas para trabajar, no avanzan. Hay una situación real: las empresas no consiguen recursos que estén preparados y por ende no consiguen trabajo”.

Por último, se interpela: “Hay una coyuntura que tenemos que analizar y ver qué está pasando… Salen de la escuela pública y les cuesta continuar una carrera, por diversas cuestiones económicas, familiares, y terminan trabajando de manera informal… Hace años que se advierte, además, una desmotivación muy grande en el curso y eso nos frustra muchísimo a los docentes”.

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