La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) cumple 19 años de aprobación. Esta herramienta disruptiva busca el respeto de la identidad de los niños, niñas y adolescentes, y a ofrecer en la escuela un espacio de comprensión, respeto y acompañamiento.
La Educación Sexual Integral se incorporó a la agenda parlamentaria en el año 2006. A partir de ahí, hubo debates entre actores sociales, eclesiásticos y políticos, por definir sus encuadres legales, modelar contenidos y determinar las formas de la implementación de la ley.
ESI: 19 años
El 4 de octubre de 2006 se sancionó la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) que tiene como objetivo garantizar la ESI de todos los niños, niñas y adolescentes. El artículo 1 de la ley establece que: “Todos los (y las) educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal. A los efectos de esta ley, entiéndase como educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos”.
En el año 2008 se redactan los “Lineamientos Curriculares para la Educación Sexual Integral”. Este documento detalla el piso básico y obligatorio de contenidos a implementar, y fue aprobado por todos los ministros y ministras de Educación en Consejo Federal (CFE).
Detalles
Está dirigido a las y los educadores y expresa cuáles serán los parámetros de trabajo en el marco de la ley. En este se expresa: “(…) la educación sexual constituye una oportunidad para que la escuela, en articulación con otros actores, fortalezca la búsqueda de respuestas eficaces a situaciones de vulneración de derechos como lo son la violencia, el abuso y el maltrato hacia niños, niñas y adolescentes, e implemente medidas de protección y reparación para atender a estos problemas.”
El documento está pensado y orientado a respetar la identidad de los niños, niñas y adolescentes, y a ofrecer en la escuela un espacio de comprensión, respeto y acompañamiento. Explica que la sexualidad no se limita a un aspecto físico y que debe contemplarse la manifestación emocional de los educandos.
Acciones del Programa de Educación Sexual Integral
Posteriormente, nace el Programa Nacional, con la finalidad de hacer cumplir estos derechos en las escuelas, desde Inicial hasta la Formación Docente. Entre 2009 y 2010 se elaboraron y distribuyeron materiales educativos a todas las jurisdicciones.
A partir de la existencia de estos materiales se impulsaron las discusiones y la búsqueda de consenso en torno a su distribución, contribuyendo a mejorar las condiciones de posibilidad de la ESI y a dar mayor visibilidad a la temática, instalando el tema en la sociedad.
Paralelamente, se diseñó una estrategia de capacitación docente, que comenzó con cursos virtuales en 2008 y se extendió, en 2012, hacia la puesta en marcha de capacitaciones presenciales y masivas. Entre 2012 y 2017 se llevaron a cabo en la mayoría de las provincias.
Desde el año 2016, el Programa Nacional implementó acciones para dar cumplimiento a la Ley 27.234 a fin de concretar en los establecimientos educativos las «Jornadas Educar en Igualdad» para erradicar la violencia contra las mujeres. Al mismo tiempo, a partir del año 2017 el Programa forma parte del «Plan Nacional de Disminución del Embarazo no intencional en la Adolescencia», junto con los Ministerios de Salud y Desarrollo Social.
El «país» de Javier Milei
Desde la asunción del presidente de la Nación Javier Milei, la ausencia casi total de acciones por la continuidad del Programa Nacional de ESI se expresó en medidas concretas que operan como política de ataque activo y demoledor contra la formación docente y la transversalización curricular. Además, se eliminaron materiales de los sitios oficiales y se desarticularon instancias de promoción y participación.
Muchas áreas provinciales fueron absorbidas por programas más amplios y difusos: «convivencia escolar», «trayectorias escolares», «educación emocional», cuyas temáticas erosionan el espíritu mismo de la ley que es garantizar educación sexual integral y transversal, y se vuelven a habilitar enfoques moralizantes, como la “educación para el amor”, que terminan sustituyendo una perspectiva de derechos y autonomía por estereotipos de género que naturalizan la violencia y las desigualdades.
Fuentes: comunicampos.org y La Tinta.

