Las supervisoras de nivel pusieron en funciones a la directora normalizadora del IESCER Sonia Mir y completaron el acta de separación de las exdirectivas que, ahora, cumplirán funciones en algún secundario. La gélida tarde del 21 de julio será recordada en ese instituto formador como, una vez más, un cambio de timón para un barco académico que no encallaba para ninguno de los claustros.
Villa María Educativa presenció, in situ, las distintas acciones que comenzaron pasado el mediodía y se extendieron hasta casi la hora del cierre de las actividades, pasadas las 20.30 horas.
IESCER
Las autoridades del Ministerio de Educación que se apersonaron, provenientes de la Dirección General de Educación Superior, estuvieron representadas por las Inspectoras Carola Rodríguez Torres y su par de Educación Técnica y Formación Profesional, Ana Collino.
La exdirectora Mónica Pérez Andrada y la ex vice Jussara Galli llegaron a las 12.28 y se retiraron a las 17.32 por última vez de la entidad. Durante ese lapso, las funcionarias mencionadas, tomaron posesión de la conducción del ex INESCER, de manos de las cuestionadas docentes que, en diferentes ámbitos, fueron denunciadas por presuntos maltratos y acosos laborales desde 2022 a la fecha. Desde los pasillos, este cronista pudo escuchar el trato afable y cordial que las supervisoras le imprimieron al acto administrativo que hacía, en los diferentes despachos ocupados desde las 14 horas por distintos agentes, el clima sea algo raro, un poco hostil y que se cortara con el hilo de la complicidad por el simple hecho de que estas dos personas ya no iban a formar parte del instituto.

Por su parte, a las 17.01, llegó a la convocatoria oficial la que sería nueva directora (normalizadora), la docente y especialista Sonia Mir. Prácticamente ni se cruzaron los destinos de las que se iban y la que arribaba, pero se denotaba las incomodidades de las personas que formaron parte de un acto de asunción meramente administrativo. Cuando se fue la dupla cuestionada, todo fluyó de otra manera. Era lógico, las improntas de presuntos abusos de autoridad ya no contaban, ahora pretenden sembrar la cordialidad y apuntan a una mejora en el clima laboral. El tiempo dirá.
Asimismo, cuando ya el río desandaba nuevas aguas, arribó al edificio Silvina García: docente asignada de las áreas de Bienestar y Fortalecimiento Institucional del Ministerio de Educación de la Provincia para colaborar con Mir, precisamente, a encallar el barco institucional ante las demandas y hacerlo fluir como lo pensó en su momento Ángel Diego Márquez, arquetipo fundador del hoy único terciario oficial (público y gratuito) con que cuenta la ciudad en disciplinas que no sean Artes o Música.
Las demandas de estudiantes
Según pudimos recabar de distintas fuentes estudiantiles, este claustro presentará distintas demandas. Cambios reiterados de horarios, materias sin docentes, problemas de comunicación y proyectos desarrollados con urgencia que los y las afectan a quienes trabajan, tienen responsabilidades familiares o viajan desde otras localidades. El reclamo ya no se limita al horario de ingreso: también alcanza la calidad de la formación y la continuidad de las trayectorias académicas.
Uno de los principales motivos de preocupación fue la decisión de adelantar el inicio de las actividades académicas, históricamente establecido alrededor de las 17, hacia horarios cercanos a las 14. Esta modificación afectó especialmente a quienes trabajan, tienen hijos, realizan prácticas profesionalizantes o deben trasladarse desde otras localidades para asistir a clases.
Al momento de inscribirse, numerosos estudiantes evaluaron la propuesta institucional tomando como referencia los horarios de cursado que se habían sostenido históricamente. Sin embargo, las modificaciones posteriores alteraron esas condiciones iniciales.
El problema también afectó de manera significativa a estudiantes que necesitaban recursar materias de años anteriores. Con la organización horaria previa, muchos podían combinar espacios curriculares de distintos cursos, recuperar asignaturas pendientes y avanzar simultáneamente con las materias correspondientes al año que estaban cursando.
Los cambios y superposiciones de horarios volvieron insostenibles varias de esas combinaciones. Algunos estudiantes debieron dejar de cursar materias del año actual para poder completar asignaturas previas, mientras que otros tuvieron que abandonar materias que necesitaban recursar para adaptarse al nuevo calendario.
Según expresan los estudiantes, las modificaciones, confirmaciones parciales y reacomodamientos continuaron hasta aproximadamente el mes de junio.
Para quienes trabajan, dependen del transporte interurbano o tienen personas a cargo, la falta de una grilla estable dificulta seriamente la planificación.
Otra demanda estudiantil: Mejorar el clima institucional
La preocupación del alumnado tampoco se limita al horario. Dentro del instituto se percibe, de acuerdo con diversos testimonios, un clima de tensión, cansancio y disconformidad que atraviesa la convivencia entre estudiantes, docentes y autoridades.
Uno de los ejemplos más claros fue la organización de la Feria de Ciencias. Este proyecto, que debería constituir una experiencia de investigación, producción interdisciplinaria y exposición pública, habría tenido que desarrollarse con plazos ajustados y decisiones tomadas con urgencia.
Otro de los reclamos se relaciona con la existencia de materias que comenzaron el ciclo lectivo sin docentes designados o cuya cobertura se produjo de manera tardía. Estas demoras afectaron el desarrollo de los contenidos, obligan a reorganizar calendarios y, en algunos casos, concentran el trabajo académico en menos semanas.


A esta situación se suma el cuestionamiento sobre la administración de las semanas destinadas a la modalidad virtual. La posibilidad de combinar presencialidad y virtualidad fue presentada como una alternativa para facilitar el cursado y acompañar a quienes tienen dificultades laborales o de traslado.
Con ello, el estudiantado remarcó que visibilizar el conflicto no busca dañar la imagen del instituto. Por el contrario, reclaman porque valoran su formación, quieren permanecer en la institución y consideran que los problemas deben ser reconocidos para poder ser solucionados.
Las demandas de docentes
Por su parte, el claustro docente según nos confiaron, esperan: la recuperación de la imagen institucional, valorándose sus opiniones, formar parte de las decisiones, basados en los más de 10 años de trayectoria en la institución, y sin temerle a las posibles represalias. Otro eje: promover la formación pública a sectores que no pueden acceder a la educación privada, cimiento de sus orígenes.
En otro orden, resaltaron la necesidad de recuperar la comunicación interna del claustro, la confianza, ya que lo vivido en los últimos daños “nos había dañado, y desganado, como grupo”. Solicitarán, además, normalidad en los cambios administrativos, más en materia de nombramientos, y mencionaron la cantidad y la calidad de los docentes que se fueron de la institución, muchos y muchas de ellas, perdiendo antigüedad o, directamente, sus fuentes de trabajo.
Por último, resaltaron la férrea defensa que el estudiantado tuvo para con la entidad “que, en muchos casos, fue mucha más que la defensa de los propios docentes”.
No hubo voces de las supervisoras
Ya culminados todos los actos administrativos, este medio (junto a un colega del canal televisivo C20) quisimos hablar con las supervisoras, y se negaron a hacerlo.
“No vamos a decir nada hasta que no salga por Prensa de la Gobernación”, manifestó Collino, y respetamos su decisión porque desconoce la trayectoria de nuestro trabajo periodístico.
En tanto, Rodríguez Torres, cordialmente a media tarde le dijo a Villa María Educativa que “no puedo hablar ahora, estoy con mucho trabajo”. Eso sí, haciendo referencia a nuestra crónica de la novedad que se venía para el IESCER, dijo “Usted cometió un error garrafal: no se las apartó, es un cambio de funciones”. Un eufemismo (palabra o expresión más suave o decorosa que se utiliza en lugar de otra considerada dura, malsonante, ofensiva o tabú), lo aceptamos.

