Nuevo secretario de Vinculación (Básicas): La vida da sorpresas, el dulce de leche y una palta, también

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Emiliano Badín (38 años) es el nuevo secretario de Vinculación del Instituto de Básicas de la UNVM. En un reportaje cedido a este portal adelanta un par de acciones, repasa su formación y desenvolvimiento en el sector privado, y habla de la impronta de Carlos Berra (su antecesor) en su camino.

Siempre orientó su formación hacia el sector alimentos, pero un día abandonó y fue tras una quimera: estudiar Arquitectura. Asesorar una fábrica de dulce de leche y la presencia abrazadora de una planta de palta donde vivía en Córdoba, volvieron a encender la primera vocación. Volvió a Villa María y retomó la huella. Dictó clases en el secundario: Bromatología y Toxicología (IPET 56 Abraham Juárez) y Física y Química (IPEM 147 Manuel Anselmo Ocampo).

Acompañan en este camino, su esposa Cecilia y sus hijos Valentino (8) y los mellizos Noah y Tomas (dos años y medio).

¿Con que sensaciones recibís este nombramiento? ¿Qué te produce?

Llega como respuesta al trayecto académico que fui realizando en la institución: estudié ingeniería, luego hice un doctorado y un postdoctorado (IMITAB, de la UNVM y CONICET) y, en distintos momentos, estuve vinculado al sector productivo y a la industria. Precisamente, esta área buscaba eso, poder consolidar el vínculo con el sector productivo.

Hice pie en cada mundo: el académico y el de la industria.

Desde ahora sólo estarás vinculado a la función y a la docencia. ¿En qué empresas estuviste ligado?

Durante 2015 trabajé en la empresa mantequera ELCOR. Después estuve ligado a muchas empresas y comercios de alimentos haciendo asesoramiento de manera privada: en elaboración de queso, particularmente, en la industria de la panificación, aspectos normativos y legal en la elaboración de productos, establecimientos, y siendo director técnico de algunas elaboraciones y producciones. En el último tiempo trabajé en una empresa que vende insumos y asesoramiento técnico a industrias lácteas.

Contanos un par de ideas fuerza que pretendas desarrollar en la gestión…

Principalmente, poder generar vinculación con el sector productivo, tanto para la carrera de Alimentos como para todos los trayectos del Instituto. Cada una tiene una necesidad específica y particular, de vincularse con el sector productivo.

Un poco el origen y la motivación de tomar la función, y dejar mi trabajo anterior, va en ese sentido: poder capitalizar mis contactos con las empresas y mi recorrido en el sector privado, y apoyarme en el desarrollo académico en qué estado años anteriores.

Retrotráete a aquel “Emiliano” que llegó a Villa María para formarse. ¿Con qué expectativas lo hacía y que “Emiliano” recibe hoy la universidad pública?

… eh. Qué buena pregunta. Recapitulando un poco, llego a la ciudad en 2006, justo 20 años. La idea era desarrollarme en el área de los Alimentos, pero nunca pensé que iban a aparecer caminos tan diversos, un abordaje…, te podría decir por etapas, distinto. Siempre en el área de los Alimentos, vinculado a la profesión, pero mirándolo desde la investigación (8 años), la docencia (en el secundario durante 5 años, más desde las aulas de la UNVM), asesorando al sector productivo, desde lo técnico, haciendo ventas desde lo privado, en una línea de proceso dentro de una fábrica…

Fui abordando todos los campos de los Alimentos desde distintos lugares. La verdad, si yo me retrotraigo a ese “Emiliano” que vino a estudiar, nunca me hubiera imaginado ese camino que va cambiando de acuerdo a la necesidad y a las oportunidades que se van dando.

Lo que sí me marcó muy fuerte que, a mitad de mi carrera, me replanteé la Ingeniería (en Alimentos), hubo un año de impase, donde fui detrás de un hobbie, hoy me lo planteo así, y me fui a estudiar Arquitectura. Estudiando la carrera, me sale la oportunidad, ya con un título intermedio, de asesorar una fábrica de dulce leche. Asesorando esa fábrica, no estando en la carrera, terminé de reivindicar que mi lugar era la Ingeniería en Alimentos…

… sorprendente, muy loco

… de hecho, viviendo en Córdoba tenía un árbol de palta, que lo miraba todos los días, comía una y pensaba que si hiciera una tesis de ingeniería haría una sobre “Aceite de palta”. No más de un par de meses, armé el bolso, volví a Villa María a retomar la carrera.

Pasaron, y pasarán, distintas instantáneas en tu vida, pero no será fácil olvidar la impronta que marco esa fábrica de dulce de leche y la planta de palta…

…, seguro que no. Fue un punto de inflexión.

Villa María Educativa nace tras más de 20 años de editar la revista Cátedra Libre. Recuerdo haber publicado varias crónicas de vida de colegas tuyos (estudiantes), que pasaron por las distintas locaciones de las Residencias de Cáritas, y la ayuda que significaba ser parte dentro de la economía de aquellos tiempos. ¿Qué significó para vos?

Ese es un lugar que toca una fibra emocional importante de mi vida. Transcurrí unos cinco años en esas residencias, y coseché muchos amigos que hasta el día de hoy mantengo. Muchos de mis grandes amigos son los que compartieron ese techo y día a día conmigo. Son como familia. Amistades imborrables. En mi caso, esas residencias me marcaron a fuego, vengo de una familia numerosa, no teníamos posibilidades de venirme a estudiar y fue una oportunidad muy grande.

Seguramente, no lo sé si desde el escritorio, pero si en el territorio, la impronta de Carlos Berra formará parte de tu día a día…

Sin duda, sin duda. Siempre tuve un aprecio personal importante para con Carlos, estuve muy cercano a él. Tengo un cariño muy grande y muchas anécdotas con Carlos. Todo esto tiene una connotación muy especial para mí: justamente hoy de recorrido por la planta que lleva su nombre y viendo su foto y una placa, obviamente, conmovedor.

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