Pinceladas con casa propia: “La red solidaria es la que nos salva cuando todo se vuelve hostil”

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Tiene patio y un árbol grande en el frente. La nueva casa de la Fundación Pinceladas queda “justo a la vueltita” de la dirección anterior (Mafalda Gilli esq. Buenos Aires), “en una calle interna del barrio San Nicolás”.

Y ese patio es “lo más lindo” -dicen Débora Cufré (35) y Agustina Albornoz (26), integrantes del “Pince”-, porque ahora los chicos y las chicas tienen un espacio seguro para jugar lejos del tránsito de la calle Buenos Aires.

Sucede que “el Pince” tiene una casa, la casa tiene un patio y en el patio, como si fuera una promesa, crece “burrito” para todos los mates del presente y del futuro. Un futuro que, gracias a “una gran red de solidaridades”, es más esperanzador que ayer. 

Campaña: “Una casita para el Pince”

“Para poder cumplir los plazos de compra de la casa, recibimos un préstamo muy generoso: nos ofrecieron financiamiento flexible y no cobrarnos intereses”, anunció el centro comunitario a través de sus redes sociales.

Quedan por recaudar cerca de catorce millones de pesos y por eso, con llave en mano, desde el Pinceladas activaron la «tercera etapa” de la campaña; un último paso antes de dar el “cierre definitivo a esta gran cruzada” por la casa propia.

“Seguimos apostando a que la red solidaria es la que nos salva cuando todo se vuelve hostil. Continuamos con la venta de bonos y tenemos varias actividades pensadas para más adelante”, amplía Agustina en conversación con Villa María Educativa.

La construcción de “una historia colectiva”

Agustina llegó al Pinceladas en el 2017 cuando cursaba el primer año de la Licenciatura en Trabajo Social en la UNVM, carrera de la cual después se graduó. “Es difícil despegarse del Pince”, dice, y cuenta que su participación fue “mutando” en propuestas desde teatrales hasta otras vinculadas a la ESI. Actualmente brinda apoyo escolar.

“El trabajo con las niñeces, tanto para ellas como para quienes somos talleristas, implica enseñar y aprender otras formas de relacionarnos; buscar generar un espacio de convivencia y, en muchos casos, de trinchera frente a ciertas injusticias sociales e incluso situaciones familiares que se viven”, destaca.

Y agrega: “En lo personal, el Pince a mí me hizo crecer y asumir un compromiso en la construcción de otras formas de habitar este mundo. El Pince es eso… un espacio de apoyo donde cada quien llega con su historia y sigue construyendo desde allí la suya propia, pero también, la historia colectiva”.

“Hacer algo por el otro”

Débora cuenta que conoce al “Pince” desde sus inicios, que ella iba “cuando era chica” y que allí Magalí Castro (coordinadora) era su maestra. Aunque en ese momento Magalí “parecía más grande”, apenas tenía dos o tres años más que ella. “¡Ahora me doy cuenta de que no era tan grande la maestra!”, dice. 

En el Pinceladas, hace cinco años funciona el Comedor Puerto de Vida donde Débora trabaja. “Es mi momento de devolver un poquito todo lo que este espacio me ha dado”, comenta; es una oportunidad también, dice, de enseñarles a sus hijos “la importancia de darse al otro”.

Menciona, además, que “de chica” fue cartonera y que con sus hermanos se criaron en los cortaderos de ladrillos hasta que se mudaron al barrio San Nicolás: “Fui parte de comedores, de merenderos y me crié así, sabiendo lo que es la necesidad y lo feo que es no tener quien te contenga”.

“Gracias a Dios, yo he tenido el privilegio de conocer gente como Maga, como la Vani (García)… Creo que el Pince te ayuda en muchos ámbitos y te hace tomar consciencia de que hay que pensar en los que vienen más adelante y dejar la herencia de que siempre hay que hacer algo por el otro”, dice.

Una casa propia

“La campaña nos permitió ampliar nuestra comunidad y entender que la promoción no es sólo hacia adentro del barrio, sino que también es con otras personas de la ciudad. Ojalá más gente lo empiece a sentir como propio al Pince”, comenta Agustina.

Su coordinadora, Magalí Castro, firma la documentación sobre el inmueble

Se espera que en marzo, luego de las remodelaciones pendientes, Pinceladas retome sus actividades en el nuevo lugar. “Nos llena de emoción saber que la casa es nuestra y que, pase lo que pase, tanto chicos como adultos no se van a quedar sin este espacio”, dice Débora.

Y agrega: “Yo siempre le digo a la gente que venga. Porque cuando entrás al Pince y ves la cantidad de chicos, las actividades que hacemos y el amor que tiene el espacio, ahí te das cuenta de que esa ayudita que pudiste dar y que a lo mejor para vos no es tanto, para nosotros es muchísimo más”.

Sumá tu aporte a la casa del Pince:

Cuenta de Fundación Centro De Promoción Comunitaria PINCELADAS
CUIT 33718670239
Alias Banco Córdoba: unacasitaparaelpince
Alias Mercado Pago: pinceladas24.mp

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