Sebastián Cuattromo, sobreviviente de abuso sexual: “Hay que generar contextos para que niños compartan sus emociones”

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Sebastián Cuattromo es sobreviviente de abuso sexual que ocurrió cuándo asistía al Colegio Marianista de la ciudad de Buenos Aires en su infancia. Por “corrupción de menores calificada y reiterada» fue condenado hace varios años Fernando Picciochi. De su historia, surge la Asociación Civil “Adultxs por los Derechos de la Infancia” en el 2012.

“Nacimos en el momento en el que venía de hacer pública mi historia de lucha. A mis 36 años de edad y tras muchísimos años en búsqueda de reparación y de justicia logré el juicio y la condena penal de quien había sido el abusador sexual en mi infancia más de 20 años después de ocurrido los abusos”, relata a Villa María Educativa. Este jueves 1 y viernes 2 de junio llegan a la ciudad a presentar el libro «Somos Sobrevivientes, crónicas de abuso sexual en la infancia» elaborado por escritores y escritoras y editado por Alfaguara en 2021.

“Una de las grandes injusticias que tuve que sufrir fue el hecho de sobrellevar en silencio y en soledad esa herida y ese trauma. En mi caso durante 10 años, es decir a lo largo de toda mi adolescencia y mi primera juventud no pude poner en palabras lo que me estaba pasando, entre otras cosas, por la carencia de ámbitos y contextos que me hicieran sentir que podía expresar lo que me estaba pasando”, explica.

Treinta años atrás, dice Sebastián, el colegio era exclusivo de varones y tenía una cultura muy autoritaria legitimada hasta por las familias que elegían esa institución para enviar a sus hijos. “Entonces, por un lado, la escuela donde era alumno y víctima de este delito claramente no era un ámbito cuidadoso ni que me hiciera sentir que podía pedir ayuda ante lo que me estaba pasando con un docente y religioso de ese mismo colegio”, dice. Y agrega: “Por otro lado, yo vivía en una casa con mi familia donde también me tocaba sufrir distintas violencias, distintos malos tratos emocionales y físicos que claramente me hacían sentir también muy desprotegido en mi propio ámbito familiar. Tampoco ahí tenía vínculos de confianza como para poder contar y pedir ayuda ante lo que estaba sufriendo”.

Contar su testimonio, veinte años después, hizo que se contactaran personas de distintos lugares para contarle también lo que habían sufrido. Y así nace este espacio de encuentro que hoy es una asociación civil. “La mirada y el testimonio en primera persona permite y genera un acercamiento a un tema tan complejo, tan doloroso, tan incómodo como el del abuso sexual en la infancia. Al mismo tiempo la otra gran tarea nuestra es la de el acompañamiento solidario de las víctimas de abuso”. En la asociación cuentan con un espacio de encuentro, llamado “encuentro solidario de pares”, todos los sábados del año.

La necesidad de la plena aplicación de la ESI

“Nosotros apelamos e interpelamos críticamente al estado nacional y a los estados provinciales, municipales y comunales desde su rol de garantes y promotores de los derechos de la infancia, o sea, ahí hay una responsabilidad indelegable que tienen los estados y los gobiernos de los distintos signos partidarios de defender y promover los derechos de infancia”, dice Sebastián en relación a la prevención y detección de abuso sexual fuera y dentro de las escuelas.

En este sentido, remarca la necesidad de concebir a la infancia como sujeto de derecho en materia de políticas públicas, por ejemplo, en el terreno educativo. “Una clave para nosotros y nosotras es la Ley de Educación Sexual Integral, que a nuestra mirada es una conquista colectiva y ha sido claramente una construcción plural y colectiva en clave democratizadora de nuestra sociedad”. Sobre la ley dice que “muchas veces sigue siendo una gran deuda que tenemos como sociedad adulta y el estado en particular. Es un gran desafío porque al conjunto de la comunidad docente también es algo que interpela críticamente en sus propias historias, en las culturas en las que hemos sido formados. Una vez más, en la superficie, son las grandes dificultades que tenemos las personas adultas”.

Sin embargo, “lo que la ley demuestra es que cuando se generan contextos y condiciones de posibilidad, ámbitos, vínculos o relaciones, donde niñas niños y adolescentes sienten que pueden compartir sus emociones, el abuso intrafamiliar empieza a aflorar como no lo hizo nunca hasta ahora. Pero porque obviamente como comunidad adulta no hemos sabido generar las condiciones para que eso suceda”. Así remarca la necesidad de que existan docentes capacitados y capacitadas en relación al abuso sexual: “Eso lleva a que empiezan a saber ver, a decodificar y a escuchar todos los gritos silenciosos que transmitimos las víctimas de abusos sexual en la infancia”.

“Muchos cargamos con vergüenza y con culpa los abusos sexuales que sufrimos en nuestras infancias por no haber tenido entornos sociales, educativos culturales y familiares que nos permitieran sentir que podíamos expresar y que íbamos a ser creídas y creídos, qué íbamos a hacer protegidas y protegidos a partir del momento en que compartíamos lo que estábamos sufriendo”.

Hablar de abuso en los colegios

Entre las actividades que desarrollarán estos días habrá dos conversatorios con escuelas. Respecto a ellas, Sebastián menciona que buscan “interpelar a la responsabilidad de las y los adultos de cada comunidad educativa. Y convocar al conjunto de la comunidad a transformar esta historia. También siempre es maravilloso el intercambio que tenemos con adolescentes. Es abrir nuestras historias al diálogo y al intercambio”.

Para criar a un niño hace falta una aldea, dice un proverbio africano, que ahora sostiene como bandera la asociación civil “Adultxs por los Derechos de la Infancia”. “Es indispensable una aldea protectora y promotora de los derechos de las infancias y que, como nuestra experiencia de sobreviviente lo testimonia, cuando esa aldea cambia sus actitudes, eso hace cambiar la suerte de la infancia, la suerte de la infancia víctima y la suerte de las y los sobrevivientes”, finaliza.

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