“Todos con el celu”: el uso de apps para enseñar música en la escuela

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Samira tiene 16 años. Un domingo familiar se suma a la conversación de sobremesa para mostrar algo que aprendió en el colegio. Saca su celular y al rato, desde una aplicación que simula ser un piano, toca las primeras notas de Rezo por vos de Charly García y Luis Alberto Spinetta.

Hará lo mismo durante algunos domingos más, pero con otras canciones del repertorio nacional que antes no conocía tanto. Samira es fanática de Wos, lo tiene como fondo de pantalla, también le gusta Louta y recientemente empezó a escuchar algo de Dillom.

Su profesor de música se llama Agustín Martinatto. Tiene 29 años y desde mediados del 2022 dicta clases en el nivel medio con una metodología particular que, sorteando necesidades, busca que alumnos y alumnas puedan “hacer música” en el aula con lo que tienen a mano.

Esas raras apps nuevas

Agustín es oriundo de Bell Ville y actualmente enseña música en el Instituto Nuestra Señora del Huerto y en la Escuela Normal José Figueroa Alcorta de la misma ciudad. También es profesor del nivel terciario en el Conservatorio Superior de Música Gilardo Gilardi, espacio del cual, además, se graduó.

Para “no repetir viejas prácticas de enseñanza musical”, cuenta que “lo de las apps” arrancó junto con su trayectoria docente. “Siendo alumno en el secundario, recuerdo que la materia se relacionaba con ver películas o leer textos sobre música, pero no con un quehacer musical. Después, en mis prácticas docentes, noté que esto seguía repitiéndose en las aulas”, comenta.

La propuesta parte, entonces, de la necesidad de que chicos y chicas puedan tener un “acercamiento a los instrumentos” de manera orgánica, para que a pesar de la falta de instrumentos reales, puedan hacer música igual. Las aplicaciones gratuitas que Agustín utiliza son Perfect Piano y Real Drum (batería). “Ahora estoy buscando alguna app para introducir el bajo”, dice.

¿Hay inversión para hacer arte en las escuelas?

“Con una pequeña inversión en las escuelas podríamos tener instrumentos para trabajar, pero si la inversión antes era poca en educación, ahora lo es menos todavía. Hay escuelas que tienen algunas cosas, otras que no tienen nada”, comenta.

Según un análisis del Observatorio de Trabajo, Economía y Sociedad, este año la partida destinada al sistema educativo en Córdoba está cuatro puntos por debajo del porcentaje mínimo que la Provincia debería garantizar de acuerdo al artículo 109 de la Ley Provincial de Educación 9.870.

“Creo que estamos viendo a la educación sólo en términos de un fruto económico y no tanto como un fruto cultural. Esto sumado a las cuestiones de hoy donde la cultura ya no sólo es subestimada en la escuela, sino en general. Lo que antes era una deuda, ahora ni siquiera está planteada como tal”, agrega.

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En el Conservatorio de Bell Ville, un taller puede llegar a tener hasta 40 asistentes. “Trabajando allí vemos que tanto los profes como las cooperadoras hacen un esfuerzo terrible para mantener los instrumentos en condición y afrontar nuevos gastos de compras”, comenta.

“Todos con el celu, tán vendiendo el cielo”

Todos con el celu, todos con el celu, repite de manera frenética Louta en el estribillo de una canción. Desde hace rato, en las aulas el celular es tema de conversación entre docentes. Ahora, el hecho de usar el celular como instrumento musical pareciera que posibilita un diálogo nuevo con los y las adolescentes.

“Están ocupados con el celular pero en otra cosa que no sea un jueguito o las redes sociales”, comenta Agustín, a la par que aprenden sobre lenguaje musical, el funcionamiento de los instrumentos, ejercitando “un análisis crítico de lo que escuchan, un sentarse a hacer y una práctica”.

Por qué escuchar los clásicos

En sus clases con estudiantes de 3° y 5° año del secundario, Agustín suele proponer un repertorio nacional con canciones de folclore, cuarteto, rock y tango, clásicos con líricas que invita a analizar. “Hay mucho de este repertorio que por ahí tienen de oído, pero no conocen demasiado y que, además, es muy rico en su mensaje”, dice.

Y así como Ítalo Calvino se preguntaba por qué leer los clásicos para responder porque es mejor leerlos que no leerlos, quizá suceda lo mismo con la música y con esas canciones de ayer que siguen diciéndonos cosas hoy. Las adolescencias, por suerte, no están tan lejos de oírlas.

Fotos: Imágenes de sitios públicos de internet

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