El arquitecto, docente y ex secretario de Planificación de la UNVM José Seia accedió a la jubilación. En los comienzos de esa universidad, se transformó en la polea del motor de crecimiento en obras que propuso el ex rector Carlos Domínguez, y fue quien “descubrió” las tierras que otrora se transformaría en el Campus Universitario.
Dictaba clases en la Licenciatura en Diseño y Producción Audiovisual, se había iniciado en la Escuela del Trabajo y también paso por las aulas de la Escuela de Bellas Artes y del INESCER.
UNVM: se jubiló el docente Seia
El diálogo con Villa María Educativa inicia con una referencia literaria, sobre su presente, escrita por el novelista Marcel Proust: “Ahora tendré todo el tiempo del mundo: el tiempo recuperado…”. Y ahí se inicia un recorrido en el tiempo donde se entrecruzan sus inicios, las vocaciones docentes, las tareas profesionales en grandes obras en el sur argentino, la pintura, la música y su paso por la UNVM que lo tuvo como principal espada del gran hacedor Domínguez.
“Haber formado parte de ese equipo, que creó de cero la universidad, es muy densa la cantidad de recuerdos, situaciones vividas, logros, fracasos…, pero en definitiva se la pudo sacar adelante”, sintetiza. Y rememora: “Me queda esa sensación vivida cuando, de casualidad, voy a una inmobiliaria y pregunto por un campo de 100 hectáreas a pocos kilómetros del centro, y el dueño me dice que casualmente tenía uno cerca y nos fuimos caminando a verlo. Consulto cuánto había al centro, me contesta que son 4 km… Desde el punto de vista de la teoría urbanística resultaba ideal. Hoy, el Campus va camino a transformarse en una Ciudad Universitaria”.
Seia: su paso por la UNVM
El hoy docente jubilado, que es conocido por cultivar el bajo perfil y su poca vida social, también tiñe sus definiciones en ese sentido al responder si se siente el ideólogo, la polea, que le dio fuerzas a la construcción del Campus: “Mirá…, en realidad, el motor absoluto en todo sentido, fue Carlos Domínguez, no tengan ninguna duda. Lo que me tocó por el pasar de la vida, donde una vida no es más que una suma de azares y de decisiones, encontrar el campo, encontrar los edificios que en poquísimos meses tuvimos que remodelar para que comiencen las clases (principalmente, en las calles Mendoza y Corrientes). Un día, el rector me dice mirá que quiero empezar las clases el año que viene…, y era julio de 1996 (risas) y la universidad era sólo la casa de la Lisandro de la Torre”.
Sobre Domínguez, además, no ahorra palabras destacadas: “Una persona excepcional que debería tener un mayor reconocimiento…, que creo que lo tiene”.
Seia: su trayectoria
Comenzó a dar clases en 1978 en la Escuela del Trabajo, luego viaja al sur para estar al frente de la Dirección de Arquitectura de Chubut (donde realiza una serie de grandes obras), en 1985 retorna a la ciudad e ingresa a Bellas Artes (hasta el 2012), forma parte del equipo fundador del INESCER, junto a Ángel Diego Márquez, y en 1996 ingresa a la UNVM. “La actividad de arquitecto, más la función docente, se fueron unificando casi en una sola cosa. Mi inclinación, mi sesgo dado por la profesión, hacia las cuestiones estéticas y artísticas, obviamente coadyuvaron a esto. Fue una cosa que yo no establecía muchas discontinuidades en ser un arquitecto o ser un docente, tanto en Bellas Artes como después en la UNVM, siempre tuve dentro del mismo campo epistemológico: siempre me sentí bien”, se describe.
Y destaca: “Ya extraño ese contacto con los jóvenes, donde cada uno manifestaba sus expectativas, sus deseos, proyectos, temores, imposibilidades, limitaciones… De esa manera uno iba aprendiendo las cosas de la vida y lo que le pasaba a la gente. El contacto con los estudiantes es algo verdaderamente maravilloso, aprendía mucho de ellos y fue una retroalimentación permanente”.
Seia: coyuntura universitaria y su “tiempo recuperado”
El presente de la universidad y su coyuntura presupuestaria: “Es un tema inquietante. Es un momento de incertidumbre donde creo que, si bien estamos dentro de un proyecto geopolítico donde está inserta Argentina digamos, y esta situación que se está viviendo no es un capricho del presidente actual (Javier Milei) creo que, mucho más allá de cualquier teoría conspirativa, no creo que a las universidades la dejen sin presupuesto. Sería tremendo: lo que ello significaría para la sociedad, el ser humano, sería vaciar el Estado, cosa que están haciendo, pero no sé si van a llegar a incluir las universidades, sería de una brutalidad terrible”, sostiene.
Por estos días, sus horas transcurren, según nos cuenta, entre lecturas, relecturas, pintando y tocando el piano: “Viviendo para adentro. No soy una persona que tiene mucha vida social. Justamente, ahora estoy releyendo, porque ya lo terminé, como bien se dice que leer es releer, “En busca del tiempo perdido” (de Marcel Proust, publicada entre 1913 y 1927) el más voluminoso que se haya escrito en la historia de la literatura, cuatro mil páginas, una maravilla. En síntesis, una vida salpicada por las cuestiones artísticas que siempre las tuve…”.

