Escribe: Mario Gabriel López Penna (Docente IPET 49 «Domingo Faustino Sarmiento»; ProA Biotecnología -UNVM-; Proa Desarrollo de Software -Villa Nueva- y Profesor de Filosofía -UBA-)

Como docente educación media de la provincia de Córdoba, que trabaja en la educación pública de gestión estatal, tanto en Villa María como en Villa Nueva, quiero hacer públicas algunas reflexiones acerca del modo en que se está llevando a cabo la resistencia al deterioro cada vez mayor de los salarios docentes, que se viene desarrollando desde hace unos años a la actualidad.
En primer lugar, respecto del gobierno provincial, que aparentemente es de otro signo político que el gobierno nacional, pero que, en los hechos concretos, en general desarrolla políticas muy concurrentes con el mismo, a veces con sutiles diferencias (algunas tan sutiles que resultan inobservables), a veces sin ninguna diferencia, muy de vez en cuando realmente diferentes, quiero mencionar dos incongruencias:
1: dice estar llevando a cabo una reforma educativa (transFORMAR@Cba) en beneficio de una mejora de la escuela “posible”, que impacte en los aprendizajes y las trayectorias escolares de las y los estudiantes cordobeses, pero lo hace con recursos materiales mínimos, y sobre la base de una cada vez mayor sobrecarga docente, sumando a las actividades extracurriculares ya habituales, que los docentes realizamos por amor, no a nuestro trabajo, sino hacia aquellos por quienes trabajamos (que son las y los estudiantes mencionados), más tareas burocráticas, algunas de ellas hasta superpuestas, incluyendo la interminable repetición de lecturas de documentos reciclados de otros documentos reciclados (y así, siguiendo) y repetitivos, que sostienen postulados contra los cuales nadie podría estar en contra, pero de un modo tan abstracto y a veces sumamente desconectado de la realidad cotidiana del aula, que resultan de difícil aplicación, incluyendo un énfasis excesivo en la mejora de las evaluaciones, que no va acompañado de una mejora sustancial en lograr los aprendizajes concretos (de hecho, sabemos cada vez mejor cómo aprenden las y los estudiantes, sin que eso impacte en que cada vez, con el paso de los años, aprendan menos) que deberían respaldar los títulos que se expiden (cada vez llegan más estudiantes analfabetos, reales o funcionales, a la educación media, cuando la misión fundamental de la educación primaria es que eso no sea así).
2: contrapuestamente a lo anterior, sostiene un retraso de alrededor del 40 al 50% del poder adquisitivo de los salarios docentes (la mayoría del cual se dio entre diciembre del 2023 y marzo del 2024, y se profundizó, con mayor o menor impacto, en los meses siguientes, pero nunca se intentó siquiera revertir); así que, aunque después lo dibujan con mucha “contabilidad creativa”, el hecho concreto es que eso significa una reducción salarial que, dados los altos niveles de inflación que sigue habiendo en el país en los últimos años, no se ve en los números.
3: de lo anterior surge una sola conclusión: se demanda cada vez más y más trabajo, pero con menos retribución por el mismo; y eso solo tiene un nombre: sobre-explotación laboral.
En segundo lugar, respecto de la conducción “Celeste”, que aparentemente representa los intereses gremiales de las y los docentes, afiliados a la UEPC o no, y a la cual muchos confunden con el gremio mismo (“el gremio hizo esto”, “el gremio no hizo aquello”), cuando uno ve lo que hacen, que suele diferir bastante de lo que dicen, e incluso cuando se escucha al secretario general del mismo hacer declaraciones como las del año pasado, que apuntan más a alabar al gobierno provincial que a reflejar las penurias que transitan muchos docentes para vivir con sus magros salarios, la conclusión no puede ser otra que… no está haciendo bien el trabajo gremial para el cual esa conducción fue elegida democráticamente.
Así, por esto mismo, hay que dejar asentado de un modo bien claro y explícito que, si el mandato de la mayoría de los delegados departamentales presentes en la asamblea del martes 4 de marzo de esta misma semana era que hubiera paro de 48 horas, no es una buena estrategia diluirlo, convirtiéndolo en dos paros de 24 horas, uno para el lunes 9 de marzo, adosándolo al nacional por el Día de (la defensa de los derechos igualitarios) la Mujer, y otro para el miércoles 11 de marzo, ni que, al día de hoy, producto de la escasa o nula difusión de los mismos, muchos de las y los docentes de ambas localidades en las que trabajo no sepa que hay paro el lunes, o que el paro del lunes no es solo por adhesión al mencionado Día de (…) la Mujer, sino también en defensa de nuestros reclamos salariales.
En este sentido, quiero que quede claro que mi crítica a la estrategia no es una impugnación a la misma (que de todos modos no estaría en condiciones de hacer, puesto que solo soy un simple docente afiliado al gremio), dado que se resolvió democráticamente, ya que fue avalada por mayoría en esa asamblea de delegados departamentales mencionada, pero sí es muy claro que esa crítica tiene sentido en el contexto que brinda el mensaje complementario a la misma: no difundir, lisa y llanamente, o al menos correctamente, que se votaron esos paros, ni dejar de sembrar dudas acerca de si van a descuento o no (si la misma conducción celeste no se compromete a defender que no se descuenten, como parte de la negociación salarial, como han hecho numerosos gremios a lo largo de la rica historia del movimiento obrero, difícilmente haya docentes que tengan confianza en que no vayan a ir a descuento, y eso ya es, como mínimo, una estrategia desmovilizadora).
Y, en tercer y último lugar, respecto de las y los docentes que necesitamos que mejore nuestra situación salarial (todos quienes viven sólo de su salario docente, al menos), quiero también mencionar dos fallos, uno en el uso pragmático del lenguaje y otro en la práctica docente cotidiana, que también son concurrentes con la situación salarial paupérrima que estamos viviendo en el presente:
1: hay que dejar de confundir, con las palabras y en nuestro entendimiento, a la conducción celeste con el gremio en sí, puesto que el gremio somos las y los docentes, no su conducción, que es solo una parte del gremio; a esta última se la eligió democráticamente hace tres años, pero como viene sucediendo desde hace años, no sólo en el ámbito gremial sino también en el político, no está cumpliendo con el mandato que dijo que iba a sostener, para ser elegida como tal; por lo tanto, lo que hay que hacer no es renegar del gremio, que necesitamos para que nuestra situación laboral en general, y salarial en particular, no sigan deteriorándose cada vez más, sino de la conducción que tenemos, organizándonos para reemplazarla en las elecciones del año que viene.
2: si se votan paros que luego muy pocos docentes van a realizar (incluyendo delegadas y delegados), indirecta e implícitamente se están avalando las estrategias complementarias de la conducción celeste de nuestro gremio y del gobierno provincial, para que terminemos aceptando las migajas de “recomposición” salarial que nos ofrezcan los últimos, con el aval encubierto de los primeros, que diluyen las medidas de fuerza, no las difunden y hacen dudar con la posibilidad de que nuestras acciones impliquen algún descuento que vuelva aún más magros nuestros salarios docentes.
3: así, de lo anterior surge otra conclusión más en este escrito: lo que hagamos o no hagamos las y los docentes comunes y corrientes, agremiados o no, es lo que permite que nuestra conducción celeste se sienta respaldada en sus estrategias y prácticas derrotistas (y con esto uno podría ser cruel y decir, lisa y llanamente, “tenemos ‘el gremio’ que nos merecemos” –y no estaría errado) y que nuestro gobierno provincial siga sosteniendo sus políticas públicas pisando nuestros salarios y el de los jubilados estatales; en este sentido, si vamos a ser coherentes, o cambiamos el modo de hacer y de pensar las cosas, o dejamos de quejarnos y aceptamos las consecuencias que se derivan de nuestras propias limitaciones.
Por supuesto que lo dicho no significa que no pueda seguir haciéndose lo mismo, pero sí sería más honesto al menos reconocer que unas cosas están conectadas con las otras, sobre todo con nosotros mismos.
Hay que aprender que la queja no sirve para nada (ni siquiera de consuelo), mientras que la protesta y la organización que surge de la misma es la única que puede producir cambios significativos, en nuestro presente y en nuestro futuro.


Excelente