Cuando el salario docente no alcanza, vender embutidos, indumentaria por redes o coser como salida

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Escribe: Fernando Ceresole (Editor de Villa María Educativa)

El salario docente no alcanza. No es de ahora, es cierto, pero en los últimos años la situación se hizo límite. La frase que en Córdoba se paga el mejor salario del país no agrega nada: ubicarse por debajo de la línea de pobreza, al igual que el 50% de los ingresos de todos y todas las argentinas (800 mil pesos promedio) hace que el ingenio supere lo real; y, peor aún, cuando la canasta básica está en un $1.800.000 y un docente logra reunir la mitad de la cifra que arroja el Centro de Almaceneros de Córdoba.

Nos animamos a preguntar, con la sensación temblorosa de invadir privacidades de docentes consultada/os, y los ejemplos se multiplican: ¿Qué otra tarea mensual hace un docente para llegar a fin de mes? Coser en horarios nocturnos, vender embutidos u otras comidas, ollas, perfumes, cremas o indumentaria por redes, manejar aplicaciones, dar clases particulares, liderar emprendimientos y hacer “changas” de electricidad o mecánica. No es un destello ocasional, son rayos que hieren.

Cuando el salario docente no alcanza

La gran mayoría de los ocho mil docentes que dictan clases en las escuelas del Departamento San Martín perciben un $1.000.000 mensuales. El piso se registra entre los recién incorporados cobrando entre $600.000 y $800.000 (con algunos años de antigüedad), y aparecen con $1.450.000 sumando diez años dentro del aula. Las excepciones: directoras con algo más de $1.600.000 y un minúsculo grupo con ya 35 años en la actividad, con doble cargo en talleres y algunas horas de clases logran $2.400.000. Números fríos, situaciones contundentes.

Son un abanico de voces las que coinciden que de este actual conflicto con el Gobierno de Córdoba no se sale con ambas partes indemnes: el Gobierno Nacional no está homologando acuerdos paritarios que superen el 2% mensual. Claro ejemplo, si de sindicatos combativos hablamos, el SUOEM de la capital cordobesa acaba de acordar un 26,5% anual, priorizando mantener las fuentes de trabajo frente a las exigencias de las góndolas.

Las y los dirigentes gremiales de UEPC se debaten, diariamente y más en las últimas tres semanas, entre la incomodidad de mantener una negociación con un patronal sumisa a los ecos nacionales “con peluca” y las encuestas mediterráneas y la defensa de la herramienta sindical frente a un Gobierno Nacional que quiere destruirla y sus bases que mientras pone en el centro de la escena el descontento social porque el salario no alcanza, engorda urnas en domingos electorales. Esto, sin duda, lleva a una encerrona: habrá una incompatibilidad manifiesta entre lo que se acuerde y lo que se necesita: un salario docente desfazado frente a la trepada inflacionaria, no es fácil hacerle ganar altura.

“Termino muy cansada, incluso con la sensación de no poder dedicarle el tiempo a la tarea docente”

“La costura es hoy fundamental para poder sostener mi economía. El salario docente no alcanza para cubrir los gastos básicos, entonces tengo que complementarlo con otras tareas que hago fuera del horario escolar”, radiografía una docente de vasta experiencia frente a las aulas. Cuenta con un cargo de 12 horas y 19 de clases en cuatro escuelas.

Subraya: “Esto implica muchas horas más de trabajo, con poco descanso. Sabemos que la labor docente incluye planificación, correcciones, preparación de actos, carteleras y materiales. El ingreso extra trata de resolver económicamente algunas necesidades indispensables. Muchas veces termino muy cansada, incluso con la sensación de no poder dedicarle el tiempo necesario a cada tarea como quisiera, sin dejar de mencionar la sobrecarga laboral respecto de proyectos, PIE, documentación y actualizaciones que las escuelas requieren para ayer…”.

“No es una elección, es una necesidad”

La sala de maestros y profesores se transformó en una romería cuasi artesanal, me cuentan: por redes sociales, a viva voz o en pequeños cartelitos se venden cremas, perfumes, indumentaria, ollas y servicios de decoración de uñas.

“Es muy común escuchar compañeros que manejan aplicaciones, venden comida, hacen trabajos de costura, dan clases particulares o tienen otros emprendimientos para poder llegar a fin de mes. La situación es generalizada. No es una elección, es una necesidad, estamos naturalizando el multiempleo”, grafica con precisión de vieja relojería otra docente.

“La realidad es que empecé a vender embutidos, y estoy tratando de dar clases de apoyo y acompañamiento pedagógico, porque estoy decidiendo salirme del sistema educativo”, explica casi convencida una joven docente, mientras materna sola. ¿Por qué? “Estoy tratando de generar otro ingreso porque las exigencias del sistema educativo son inmensas y el salario una porquería. Por eso me corro…, aunque no sé si será de manera definitiva”, responde.

Una minuta digital, o en papel, en algún escritorio que demuestre que la recaudación va en baja, pero que se acercan tiempos electorales, nunca podrá tender una mano sanadora para esas economías docentes que año, tras año, vienen perdiendo frente a la voracidad de un sistema que deglute a la clase trabajadora.

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