De marzo 2020 a marzo 2021: ¿Qué nos pasó?

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Marzo 2020 a marzo 2021: ¿Qué nos pasó como villamarienses y argentinos frente a la educación?

El 15 de marzo, un día como hoy, pero de 2020 ya no se abrieron las escuelas en Argentina para que ingresará la comunidad educativa.

Unos días después, el 20, Argentina anunciaba el aislamiento social obligatorio a nivel nacional por la crisis del coronavirus.

El presidente Alberto Fernández emitía un decreto prohibiendo a toda la ciudadanía abandonar sus hogares con la excepción de salir a comprar alimentos o medicinas “hasta el 31 de marzo”.

Eso fue sólo el epílogo de lo que no fue.

Los decretos se multiplicaron casi al unísono con el esfuerzo que hicimos los argentinos para mantener viva la llama social.

Esa “llamita” sin miedo a equivocarnos es la de poder aprender y poder enseñar en el medio de una pandemia.

Paso un año de aquella ni remotamente pensada (y discutida) transformación acelerada de un sistema educativo presencial añejo y vetusto.

Cuando recibimos la primera bofetada virtual caímos en la cuenta de lo que ese otro mundo tenía para “unos” y para “otros”.

Todos juntos

Docentes, alumnos, escuela y familia le dan “enter” a una única opción a la hora de decidir cómo hicimos para llegar a este marzo.

Nada hubiera sido posible sin el esfuerzo de todos los actores que conforman la comunidad educativa.

El virus se trasmitía en sintonía a la ansiedad que cubrió a toda la cadena formativa.

La escuela debió adaptarse a los nuevos formatos en tiempo récord.

Sin duda todos y todas hicieron un gran esfuerzo.

Pero algunos no alcanzaron la locomotora digital.

Ya estaban desde antes en el andén esperando y algunos trenes ya habían pasado.

Realidades

¿Cuantos hogares disponían de computadoras y un “considerable” acceso a Internet por banda ancha fija y/o móvil?

Una cosa es “hacer un trabajo para la profe…” de manera ocasional y otra muy distinta es predisponerse a recibir y trasmitir saberes por una pantalla.

Más distinto aún es chatear o “mensajearse” con amigos que con “el profe”.

La pandemia puso en evidencia la brecha digital existente en muchos alumnos y familias.

Los ministros de Educación de distintos pelajes aceptaron que no estábamos preparados para semejante desafío.

Lo sabíamos y no pudimos adelantarnos como ciudadanos del mundo.

Esto de mirar siempre a otro lado. La educación puede esperar.

Llegó y eclosionó.

El tren siguió su marcha. Algunos vagones se acomodaron durante el viaje mientras otros rechinaban sobre las vías a instancias del esfuerzo de la comunidad educativa.

En el andén siguen esperando un porcentaje importante de los pasajeros que no pudieron o supieron subirse.

Claro desafío para este ciclo lectivo

Los que tenían dificultades o necesidades educativas fuertes fueron quedando en el camino.

De ahí tantas figuras que hoy subyacen dentro de la escuela actual para hacer frente a esas necesidades que muestran los alumnos que volvieron.

¿Volvieron todos los alumnos? No lo sabemos. Las estadísticas no son lo fuerte en este país. Muchos arriesgan que la cifra atemoriza. Peor aún en Media.

La brecha digital en maestros y profesores también fue notoria.

Basta ver los resúmenes de sus tarjetas de crédito para asomarse a esa realidad.

Los que pudieron fueron en búsqueda de un auxilio tecnológico. Otros frente a su condición laboral de suplentes o no titularizados apelaron a la magia de hacer funcionar su único ordenador hogareño. Que también usaban sus hijos como educandos.

Llegamos a este 15 de marzo renovando expectativas.

Lo bueno sería no tropezar frente a las mismas piedras.

Ir a buscar a los del andén es responsabilidad del Estado: con programas y líneas de acción.

¿Podría ser esto una tarea de los trabajadores sociales?

Es sólo una opinión.

Los maestros y profesores ya fueron a las viviendas de estos pasajeros una y mil veces el año pasado con sus propios recursos que nunca serán reconocidos.

Se los estigmatizó durante todo el 2020.

Y no hay razón para ello: planificaron, bucearon y prepararon materiales; corrigieron y prepararon boletines e hicieron un gran esfuerzo para estar a la altura de la virtualidad.

No sólo dieron clases con las herramientas que tenían a mano.

Dejemos ahora que ellos refuercen contenidos dentro del aula mientras el Estado sale a la búsqueda de una camada de pibes que nadie quisiera que se transformen de por vida en repositores en cadena de supermercados.

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