Escribe: Mario Gabriel López Penna (Docente IPET 49 «Domingo Faustino Sarmiento»; ProA Biotecnología (UNVM); Proa Desarrollo de Software -Villa Nueva- y Profesor de Filosofía -UBA-)
Otra vez, como docente educación media de la provincia de Córdoba, que trabaja en la educación pública de gestión estatal, tanto en Villa María como en Villa Nueva, quiero hacer públicas algunas reflexiones que podrían sintetizarse en siguiente secuencia: conflicto gremial docente, asambleas docentes, disenso y debate, unidad real o “unidad” ficticia, consenso y resoluciones, paros docentes, aumentos salariales, adecuados o insuficientes, mejoras en las condiciones laborales, progreso educativo para todas y todos (sobre todo las y los estudiantes).
En primer lugar, respecto del conflicto gremial docente, hay que señalar que es doble, ya que se da, simultáneamente: entre el gobierno provincial, que fija las condiciones laborales en general y salariales en particular, y el colectivo docente en su totalidad, agremiado o no, que va a trabajar con unas condiciones laborales y salariales, que resultan de la relación de fuerzas que se va dando cada año, como producto de la mayor o menor lucha docente por sus reivindicaciones, de una y otra índole; y, hacia el interior del colectivo docente, entre la conducción celeste y otros sectores docentes, algunos también agremiados y opositores, y otros no agremiados, por no confiar en la funcionalidad del gremio, en gran medida por lo que viene haciendo esa conducción Celeste en los últimos años, al acompañar prioritariamente a la gestión del gobierno del que es aliado político, bastante más que a los docentes que dice (y debería) representar
En segundo lugar, como colectivo laboral, en sí mismo, hay que dejar asentado que todas y todos lxs docentes somos parte del mismo “gremio”, el de ser docentes, aunque no todas y todos estemos agremiados formalmente a la (o a alguna) organización sindical que nos aglutina para defender nuestros derechos laborales, en general, y salariales, específicamente y en particular. Por eso:
1: Los que no están agremiados, al no estarlo, están avalando en los hechos (aunque no lo hagan en su pensamiento) lo que decidan, “colectivamente”, los que sí están agremiados.
2: Los que no participen en las asambleas gremiales, estén formalmente agremiados o no, están avalando en los hechos (aunque sólo sea por omisión), lo que decidan los que sí estén en esas asambleas.
3: Los que no hagan paro, ni se movilicen, porque no pueden o porque no están de acuerdo, están avalando el alcance (que será mucho, si no son tan pocos los que hacen paro y se movilizan; o poco, si son muchos los que no hacen paro ni se movilizan) de lo que se pueda lograr en la negociación con el gobierno provincial, que es nuestra patronal.
En tercer lugar, y por otra parte, también puede pasar, y de hecho es lo que pasa en muchas ocasiones, que también muchos de los que no se agremian, y/o no participan, o que lo hacen, pero limitadamente, o que hacen algunos paros sí, pero otros no, basen sus decisiones en la poca confianza que les genera la conducción Celeste de nuestro gremio, puesto que ya ha sucedido antes que, de movilizaciones multitudinarias, se han obtenido logros escasos, porque la Celeste privilegia su alianza política con el gobierno (hay quien dice que también económica, pero esa parte no la conozco, así que voy a dejar que de eso se ocupen los que aparentemente sí saben que eso también está), por encima de la defensa de nuestros derechos laborales, que depositamos en ellos, al votarlos como tal conducción.
Esto es, en cuarto lugar, lo que se presenta en muchas de las asambleas docentes, quizás no tanto en las de cada una de las escuelas (salvo en alguna que otra con muchas y muchos docentes), pero sí en las departamentales, de delegadas y delegados por escuela, y más aún en las provinciales, de delegadas y delegados departamentales, que se realizan en Córdoba capital. De ese disenso surgen acalorados e intensos debates, que podrían hacer creer como “ficticia” la unidad de los docentes, aunque no sea así, ya que la unidad incluye el disenso, puesto que lo que importa es que haya mecanismos para que se llegue a alguna resolución en común: aceptar o rechazar propuestas del gobierno, de actualización salarial o del tipo que sea; hacer paro o no, de 24, 48 o 72 h, o por tiempo indeterminado; y demás resoluciones que puedan tomarse, tengan una finalidad concreta o “simbólica”, para tomar posición ante algún acontecimiento nacional o provincial.
Así, en quinto lugar, si llegamos a resolver, a través del consenso de hacerlo por votación de los delegados departamentales, que tenemos que hacer un paro de 48 hs., como los convocados para este 18 y 19 de marzo, estamos tomando una decisión “unificada”, aunque para lograrlo hayamos tenido que pasar por momentos difíciles, en los que tuvo que realizarse una movilización al lugar donde se realizó la asamblea en que se votó, provocada por la desconfianza que generó que haya circulado públicamente la noticia de que la Celeste estaba negociando con el gobierno postergar el paro para la semana que viene, así le daba tiempo a presentar otra propuesta, que clara y definitivamente no iba a ser producto de la visualización de lo decididos que estamos los docentes a luchar por una mejora salarial sustancial, que nos permita vivir dignamente mientras realizamos nuestra labor en las escuelas.
En este punto, y antes de seguir, quiero destacar lo siguiente: este es un paro “bisagra”, de la adhesión que haya al mismo depende en gran medida lo que consigamos como mejora salarial.
Finalmente, y poniendo el foco en el conflicto interno docente (sobre todo porque tiene un alto impacto en lo que se pueda lograr o no en el conflicto externo, con el gobierno provincial, que es nuestra patronal), quiero hacer especial mención a las afirmaciones que hizo nuestro secretario gremial provincial en el cierre de la última asamblea de delegados departamentales (y esto consta en audios compartidos por delegados presentes en la misma, que yo escuché: no es que alguien me lo haya contado): que “criticar a la conducción celeste” (que él llamó “escrache”) es el “mejor ejemplo” de “destrucción de las organizaciones sindicales” y de “ejecución de la reforma laboral en la Provincia de Córdoba”; y que “al sólo estar pendientes de hacer paro, y no darles clases a nuestros niñas y niños, no se está defendiendo la educación pública”. A esto hay que responder, con total claridad:
1: el mejor ejemplo de “destrucción de las organizaciones sindicales” está, en realidad, en que su conducción (que en este caso es la lista de ese mismo secretario gremial provincial) no cumpla con la función específica para la que fue elegida, no en quienes critican su accionar, que ha sido muy deficiente, por decirlo con gentileza, y es una parte importante de la desconfianza que algunas y algunos docentes tienen en la organización sindical, y que por eso mismo no se afilian, se desafilian y/o se oponen a ella, mientras que no son tales quienes estaban presentes en esa asamblea de delegadas y delegados departamentales, que en realidad quieren recuperar la organización sindical, no destruirla, para que cumpla con su verdadera finalidad.
2: los únicos que pueden “ejecutar la reforma laboral en la provincia de Córdoba” son quienes gobiernan, que para eso son el poder “ejecutivo”, no los simples y mortales ciudadanos que reclaman por un salario digno, aún con los escollos que les pone su propia conducción sindical para lograrlo.
3: sostener que quienes hacen paro, y no dan clases, “no están defendiendo la educación pública” es directamente una falsedad maliciosa, puesto que la mejora en nuestras condiciones laborales y salariales es fundamental para que haya una educación pública de calidad, mucho más que algún o algunos días menos de clases: no se trata de una cuestión cuantitativa, sino más bien de una cualitativa; cualquiera trabaja mejor si gana mejor, si no tiene que acumular más y más trabajo para poder vivir, si puede no tener que estar más preocupado por llegar más o menos bien a fin de mes, que por la calidad de las clases que les da a sus estudiantes.
Dicho lo anterior, en este último punto, quiero ser claro: este no es un planteo moral. La Celeste es una agrupación gremial, que hace política gremial, y toma sus propias decisiones y las articula como mejor le parece. Si logran imponerlas en asambleas, sea a través de manipulaciones o no (y que sólo nos parezca a quienes no estamos de acuerdo que son manipulaciones) es porque tiene apoyo, o porque los dejamos (si tiene apoyo, ganaron democráticamente; si los dejamos, fuimos nosotros los incapaces de revertir esa situación –no es “culpa” de ellos lograr lo que querían lograr). Sus integrantes están siendo coherentes con sus propias definiciones políticas: no corresponde tildarlos de “traidores” porque hagan lo que piensan que tienen que hacer (eso, en todo caso, quizás, muy puntualmente, se puede decir de aquellos de la Celeste que, estando agremiados, no respetan las decisiones de las asambleas, incluso cuando votaron sus propias mociones, y no hacen el paro que votaron –pero tampoco serían “traidores”; en todo caso, les faltaría un poco de coherencia).
En este sentido, lo que hay que hacer, como ya dije antes, es organizarse y desplazarlos de ese lugar, al que llegaron democráticamente y del que pueden ser removidos democráticamente. Mientras tanto, mientras ellos tengan la hegemonía legal, lo mejor que se puede hacer es evitar que logren manipular las decisiones de los docentes en asambleas de escuelas, de delegados de escuelas y de delegados departamentales, como se logró hacer en la de hoy, a diferencia de la vez anterior, en que convirtieron un paro docente provincial de reclamo salarial en un paro por el día de la Mujer, cuando la propuesta original no era hacer tal reemplazo, sino asociarlos.
En fin, esta semana, de todos modos, lo más importante es hacer un decisivo paro docente de 48 horas, asistiendo a las movilizaciones o a cualquiera de las acciones alternativas planteadas, para demostrar que no es que no se quiera trabajar (habitualmente, ir a trabajar es mucho menos agotador y más “sencillo” que hacer paro y movilizarse), sino que se quiere mejorar las condiciones laborales, sobre todo salariales, de nuestro trabajo, que siempre hacemos con total responsabilidad y dedicación.

