Cuando la jubilación de un docente no es pasividad sino desafíos

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La jubilación en un docente no es pasividad sino nuevos desafíos. Ese parece ser el espíritu que abrazan Raquel Morales y Nancy Foruria quienes acaban de jubilarse como docentes del Instituto Mariano Moreno de Villa María.  

Raquel era la más antigua docente de ese colegio. Hoy piensa en estudiar un idioma y viajar para conocer nuevas culturas.

Nancy atravesó distintas instancias áulicas en diferentes colegios antes de ingresar al Mariano Moreno. Ahora en pleno descanso piensa en saldar una deuda pendiente. Estudiar Psicología.

La jubilación de un docente no es pasividad

Ambas conformaban un tándem para dictar clases en el mismo ciclo y en las mismas divisiones.

Juntas reflejan a Villa María Educativa las experiencias obtenidas y los desafíos por venir.

Estando en actividad uno repetía cuando me jubilaré. Llegaban cosas que…, muchas veces no se ponen en el lugar del docente. Es bastante complicado todo. Hoy a mis compañeras hay que hacerles un monumento, están dejando todo”, expresa Raquel.

Todavía estoy como en una balanza: como que creo que tengo que ir a la escuela pero después pienso que ya debo organizarme y proyectarme a otros espacios”, detalla.

Raquel piensa estudiar Inglés para luego poder viajar. “Tengo amigas en EE. UU. y me han invitado pero primero quiero estudiar el idioma”, proyecta. Dice también que es una apasionada en conocer otras culturas y costumbres.

Nancy nos cuenta que “por ahora será descansar en estos primeros tiempos pero después veré qué estudiar”. Su gusto por la Psicología mueve ansiedades y en eso piensa en un futuro mediato. Me gusta mucho la psicología. Capaz que pueda incursionar en ese terreno”, explica. Lo califica como materia pendiente estudiar la carrera más que “tiene mucha relación con mi carrera”.

En su última nueva etapa de labores, con la virtualidad apareciendo en escena, Foruria recrudece los argumentos diciendo: “Fue un movimiento en toda mi estructura tanto psicológica, emocional como físicamente. Es necesario adaptarse, nunca tuve miedo de las cosas nuevas, soy muy curiosa”.

Raquel Morales: 36 años con el oficio de enseñar

Se graduó en 1982 en el Profesorado Gabriela Mistral. Se desempeñó ad honorem en colegios públicos para obtener puntaje. En 1985 ingresó al Instituto Mariano Moreno. 36 años en la institución. En sus inicios comenzó a dictar clases en el antiguo edificio de calle Corrientes y Mariano Moreno. Junto a Perla Rochi y a Ricardo Vagliente se encargaba de buscar niños para que se anotaran en el nuevo edificio de calle Ocampo y fue allí que juntos que comenzaron en el edificio donde hoy funciona el Nivel Inicial.

Raquel Morales

Veintidós años frente al aula hasta que en el 2007 pasara a la faz directiva hasta el año pasado que llegó la jubilación después de pasar 14 años en esa área.

Raquel siempre dio clases en los grados altos (Matemática y Naturales) llegando en un comienzo a tener cursos del viejo sistema de 7º grado. Permanentemente continuó en el Segundo Ciclo rotando entre divisiones de 5º y 6º grado.

Había que prepararlos muy bien para ingresar a la nueva etapa a la que ingresaban”, sostiene a modo de desafío.

Me recordaban en estos días que los alumnos de ese tiempo eran de muy bueno y excelente… No como ahora que existen más problemas con las calificaciones”, enfatiza.

Explica cómo preparaban sus clases con altos contenidos con la vista puesta al paso de nivel y a la nueva etapa.

Hay muchos factores que cambiaron. Los contenidos científicos están, siguen siendo los mismos, pero cambió la forma de enseñanza”, responde a la pregunta sobre qué cambio para que el rendimiento escolar disminuyera. “Ahora se hace mucho hincapié en el razonamiento. Antes el conocimiento se lo trasmitía de manera más directa”, explica.

El aula es el trabajo con el niño, y por eso estudié. La gestión es totalmente diferente. Somos los intermediarios entre el director y los docentes pero nunca dejamos de lado al alumno”, explica al momento de referirse a las dos actividades cumplidas.

Circuló ayer por redes esta frase del Instituto Mariano Moreno dedicada a sus compañeras de trabajo

Raquel nunca abandonó la capacitación. Realizó todos los cursos que tenía a mano. “Siempre me gustó capacitarme como todo profesional para estar informada, tanto cuando estaba en el aula como en la gestión”, nos dice.

El recuerdo del contacto con los niños es algo difícil de olvidar. “Andando por la calle, muchos te saludan afectuosamente. Quiere decir que uno ha dejado huellas”, grafica.

Las paredes hablan en las instituciones. Algunas aves cantoras trinan sobre qué impronta muestran las docentes. Esos ecos hablan de que Raquel Morales era una suerte de policía educativa por los pasillos: inculcando orden, disciplina y silencios cuando era necesario. Entre sonrisas responde que “muchas veces en la gestión se cree que uno no sale de su escritorio. Yo no hice eso. Ahora implica salir al patio, observar los movimientos del niño y los docentes. Eso también hace a nuestra tarea pero no creía que era tan así…”.

Nancy Foruria: 33 años impartiendo saberes

Se graduó en 1986 en el Gabriela Mistral. Dicto clases durante los primeros tres años en distintas escuelas: San Martín, Juan B. Alberdi, Sarmiento y en la Arturo M. Bas.

En 1993 ingresa como docente en el Instituto Mariano Moreno hasta el año pasado que le llegó su jubilación en noviembre.

Se desempeñó en el Segundo Ciclo, mayormente en 5º y 6º grado. Y en el Primer Ciclo algunos años en 3º grado.

El año pasado fue muy complicado debido a las clases virtuales. Nos tuvimos que adaptar y aprender a manejarnos con una plataforma y el uso del WhatsApp”, dice. Agrega: “No teníamos horarios. Me sentaba a la computadora a las 8 de la mañana y me levantaba a las 7 de la tarde”.

Su idea central fue tener “siempre conectados a los chicos con la escuela”. Hasta particularizó de manera individual a aquellos alumnos que habían faltado a la clase virtual.

Nancy Foruria

Estoy muy satisfecha con mi trabajo porque di lo mejor de mí”, resalta.

En su momento actual de descanso continúa “extrañando un montón el aula. Muchísimo. Extraño el contacto con los niños, con las compañeras. Hablo del factor humano”.

¿Qué Nancy le devuelve el espejo comparando aquella docente de los primeros tiempos con esta que acaba de jubilarse?La Nancy de los primeros tiempos tenía muchos miedos. Me sentía muy insegura. Cuando uno sale del Profesorado es muy teórico todo…”, responde. “Ahora veo un crecimiento enorme ya que tuve que adaptarme a muchas cosas y situaciones. Siempre estuve capacitándome, nunca me quedé”, reflexiona. “Hoy me reconozco con mucha experiencia. Un montón de amigos y amigas que me dio la profesión. Tantos niños que hoy los veo grandes, adultos y que aún me saludan con un chau Seño, chau Profe…”.

Es una satisfacción enorme la docencia. No sé si otra profesión recoge este tipo de satisfacciones”, recalca.

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