¿Era necesario comenzar las clases?
Por la socialización perdida sí, por la subida de casos y la preocupación reinante por la llegada de segunda ola no.
¿Por qué entonces?
Porque la maquinaria de los electrodos gubernamentales se pusieron en marcha y todo el rebaño camino hacia la apertura de aulas.
Perdón por el apuro Seño…
La zozobra y las incertidumbres de los educadores (de aula y directivos) llegaron a picos impensados.
Hay una nueva normalidad, a la que deberemos adecuarnos, pero la educación es una cosa seria, muy seria.
Con una ínfima cantidad de docentes vacunados sumado a los rebrotes que se cuentan de a diez diariamente en distintas poblaciones cordobesas se hace difícil observar un buen escenario del desarrollo académico.
En el país de los abrazos y en la escuela de saltar la soga, jugar un picado o compartir la merienda en el recreo se torna cuasi tenebroso.
En un país donde mandan más las causas estructurales (nunca resueltas por todos los gobiernos) que los dirigentes de turno de los despachos oficiales podría no llamar la atención.
No es lo mismo abrir una escuela que un shopping o un teatro veraniego.
A la escuela se va a descubrir el mundo a los otros lugares sólo a ver las modas pasajeras.
Para descubrir el mundo todos deberíamos estar atentos para escuchar y trasmitir todos los detalles.
Los oídos en este marzo sólo estarán atentos casi solamente a que nadie se toque, a que nadie se abrace, a que nadie se baje el barbijo o la mascarilla.
Perdón Seño… A usted le adjudicarán todas las responsabilidades sanitarias y de cumplimiento del protocolo.
¿Qué pasará con los contenidos? ¿Cómo será su ánimo de pararse frente al aula con un “distanciamiento físico” que tendrá sin duda también su correlato con las necesidades específicas de cada niño/a?
¿Y las infancias? Los estudiantes, que junto con sus familias y docentes, tendrán que ponerle el pecho a un escenario que ofrece más incertidumbres que certezas.
¿Y las familias y los tutores? Va para ello también las disculpas.
La verborragia del arco político opositor actual vociferando el retorno de clases no tuvo, ni tiene, un basamento científico comprobado en las demandas familiares.
Acá se repite la premisa: los electrodos gubernamentales se pusieron en marcha y todo el rebaño camino hacia la apertura de aulas.
¿Cómo funcionará la conectividad doméstica para cumplir en los días de “no presencialidad”?
Iguales o peores que las demostradas en 2020 si le agregamos el deterioro salarial de los grupos familiares al galope de la inflación.
Me cuesta observar que los tutores cambiaron o agregaron celulares o notebooks en el escenario hogareño para adecuarse a este tipo de instrucción mediada.
¿Todos pueden afrontar los costos que las instituciones predeterminaron para mantener las plataformas en aquellas escuelas de gestión privada?
Interrogantes que la rutina que comienza por estas horas nos reflejará a diario un sinnúmero de respuestas.
La ventilación de las aulas será algo muy importante pero las ganas de educar y aprender deberían superarlas por creces.
El Covid 19 es “un bicho” malísimo pero suena aún mucho peor agregarle estrés doméstico y áulico a docentes y a las familias.
No hay más que desearles “el mejor año posible” porque algunos dirigentes no terminan de observar las consecuencias impensadas que esta apertura puede traer aparejadas.

