Escribe: Julieta Dellamaggiore (Técnica en Bibliotecología y Profesora de Nivel Primario)
Hace casi una semana rendí las últimas materias de la Tecnicatura Superior en Bibliotecología en el IESCER Dr. Ángel Diego Márquez.
Más allá del logro personal, resulta una oportunidad para reflexionar sobre el ser estudiante, sobre el ser estudiante trabajadora, sobre una carrera no muy común.
Es una carrera que se dicta en pocos centros educativos de Nivel Superior no universitario, es la única en la provincia y con la Orientación Socioeducativa una excepción. Por lo tanto, es super interesante ser parte de esa experiencia. Esa orientación hace que el recorrido académico sea bien interesante, variado, nutrido de diversas disciplinas, con una perspectiva socio-humanista, con énfasis en la garantización de derechos, el fomento de la lectura y el acompañamiento a las trayectorias educativas.
Creo que al igual que muchas de mis compañeras de carrera, algo sabíamos de lo que se trataba, pero nunca imaginamos lo que implicaba y las potencialidades del ser bibliotecario. De la importancia, versatilidad, amplitud del rol. Y aunque muchas veces nos hicieron la pregunta: ¿Bibliotequé…? ¿Se estudia para acomodar libros en una biblioteca? Podemos responder que es muchísimo más que eso, que trabajamos en la gestión de la información, ni más ni menos. Que nuestras acciones pueden hacer que cientos de personas se encuentren con información, con libros, con lecturas. Las cuales a su vez pueden convertirse en experiencias valiosas y hasta transformadoras. Aquí las prácticas profesionalizantes fueron fundamentales, para poner los pies en el barro, para acercarnos a ese quehacer.
Sin embargo aquel inicio en el 2021 no fue color de rosas, ya que unos meses antes el gobierno provincial dispuso, a través del Memorandum N° 03/20 la exigencia mínima de 30 estudiantes para la apertura de todas las carreras de Nivel Superior. Se imaginarán que, en Villa María y para esa carrera, no era un asunto simple, sino más bien crónica de un no inicio anunciado. Sin embargo, profesores, estudiantes, egresados, asociaciones de bibliotecarios se movilizaron para alcanzar esa matrícula mínima. Solo así, por esas voluntades, pudimos iniciar ese ciclo lectivo, algo que el año siguiente no se logró.
El asunto inició complejo, en el medio de una pandemia, una carrera diagramada para ser presencial que era virtual, improvisando estrategias para enseñar y aprender. No fue una experiencia sin adrenalina.
Es necesario resaltar la importancia del trabajo colectivo y en red para poder concluir estudios de nivel superior siendo trabajadora. Sin esa enorme red de compañeras, profes, familias es muy dificultoso poder alcanzar ese objetivo.


Es muy interesante leer lo que expone la egresada como Técnica en bibliotecología, Julieta, porque presenta una visión amplia del rol de los bibliotecario; generalmente se limita a ordenar, seleccionar, cuidar el material y controlar el préstamo y devolución de los textos prestados pero, concuerdo en que sus aportes educativos pueden se muy valiosos, sobre todo si se integra plenamente al proyecto educativo institucional.
El año pasado inicié, con la colaboración del Instituto 12 de Santa Fe, que forma bibliotecarios, la catalogación de mis libros. La profesora de Práctica guió y apoyó a tres alumnas que cursaban ese final de la carrera; terminado el trimestre, otros universitarios completaron la tarea. Actualmente se cuenta con más de seis mil textos y aspiro a que este año pueda ser consultada por docentes, estudiantes e investigadores, especialmente, en educación. El material es muy diverso porque representa nuestro camino de estudiantes universitarios y los intereses culturales de mi esposo y mios. Entre el material están los indicados por la Dra. Margarita Schweizer, mi querida e inolvidable docente en la UCSF y magnífica Directora de mi tesis de doctorado en esa universidad.